viernes, 14 de agosto de 2026

Una buena señal para vencer el mujiquismo


Por: Javier B. Seoane C. | Viernes, 14/08/2026 05:56 AM | 


El miércoles finalizó el primer encuentro entre una parte del oficialismo y otra de la oposición. La noticia es que llegaron a un primer acuerdo y así fue anunciado por ambos actores. El anuncio ya publicado (https://www.aporrea.org/actualidad/n422147.html) afirma que se acordó “...la recuperación de activos venezolanos depositados en el Banco de Inglaterra y el inicio de un nuevo proceso para renovar a los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ).” Según el Presidente de la Asamblea Nacional los fondos a recuperar de esa entidad irán dirigidos a atender a los afectados por los terremotos del 24 de junio. Ojalá que ese Banco que ya los ha disfrutado mucho para su propio peculio disponga de un mínimo de buena voluntad para hacer efectivo el acuerdo, ojalá que quienes vayan a administrar esos fondos generen con la mejor voluntad la mayor racionalidad y transparencia en su dar cuentas e invertir los recursos adecuadamente. Que se extienda la recuperación de nuestros fondos en otras entidades es un deseo nacional, como lo es del mismo modo la recuperación de los fondos robados impunemente por años de atroz corrupción. En esto último son ya demasiados los planes Marshall dilapidados sin nada a cambio, para decirlo con Uslar.

Además de que los fondos que pertenecen al pueblo venezolano regresen, otra buena noticia es la propuesta de nombrar un nuevo Tribunal Supremo de Justicia. Entiéndase bien, no se trata de nombrar una parte de ese Tribunal, no se trata de una concesión, se trata de nombrarlo completo de nuevo, a todos y cada uno de sus miembros. Con ello va igualmente renovar y ampliar el comité de postulaciones judiciales así como modificar la Ley Orgánica de dicho Tribunal. El propósito de esta última reforma no está claro, esperemos que sea para darle mayor autonomía a todo el poder judicial y volver más racionales, expeditos y regulares sus procedimientos. Por lo demás, muy poco se dejó correr a la opinión pública más allá de que en este propio mes de agosto comenzarán este conjunto de cambios.

La transformación del poder judicial resulta de gran relevancia para superar el mujiquismo. Aludo con este sustantivo al conocido personaje de Rómulo Gallegos en Doña Bárbara, el Bachiller Mujica, mejor conocido como “mujiquita”, antiguo compañero de estudios de derecho de Santos Luzardo. Mujiquita es el secretario del Jefe Civil, y se encarga de torcer la interpretación de las leyes en favor de lo que disponga dicho Jefe Civil, que como se aprecia de civil nada tiene pues siempre está al servicio de sus propias apetencias y del poder arbitrario de Doña Bárbara. Sin duda, para Gallegos Mujiquita representa la ley aplastada al servicio de la voluntad de poder del caudillo de turno, en este caso una caudilla. El mujiquismo como mal civilizatorio ya estaba presente en los abusos de la colonia, en aquella expresión tan nuestra de “se acata pero no se cumple". El mujiquismo siguió imperando tras Gómez, período en que se ambienta la famosa novela venezolana. Nuestro deseo como país ha de ser superar este mal que extiende la injusticia a diestra y siniestra. Ojalá comience este nuevo tiempo que surge del primer acuerdo una voluntad de superarlo, para lo cual nuevamente será menester la ampliación del comité de postulaciones y que se escuche a las organizaciones de la sociedad civil en la selección y nombramiento de los mejores magistrados. Los requisitos reposan en nuestra carta de navegación, la Constitución, y la transparencia máxima posible será garante de que se cumpla. Que no vuelvan a repartirse los cargos como barajitas los políticos de la mesa de acuerdos.

De seguro muchos piensan que deseo no preña y que esta mesa de acuerdos consiste más que todo en una representación a toda luz de un teatro de títeres. Mas, bueno resulta recordar para aquellos que piensen así que de los teatros de títeres además de diversión también podemos obtener resultados alentadores de la función. En esta oportunidad cabe esperar llegar a algo que beneficie no sólo a quienes ostentan el poder temporal del Estado o a quienes esperan ejercerlo en poco tiempo, cabe esperar que toque algunos beneficios a esta sociedad venezolana que cual piñata en patio de kinder lleva recibiendo palos y palos desde hace muchas décadas. Alguna luz al final del túnel, alguna ventanita debe abrirse por donde pueda correr algo de luz y oxígeno para respirar. Exigimos la mayor transparencia en el uso de los recursos que vengan del exterior y en la reforma del Tribunal Supremo de Justicia. Que nuestra sociedad se active en dirección a esta exigencia.

jueves, 6 de agosto de 2026

El desafío democrático supone otro modelo de país

Por: Javier B. Seoane C. | Jueves, 06/08/2026 08:22 PM |



Cabe destacar con Augusto Mijares la voluntad republicana, y hasta cierto punto democrática, que acompañó desde su origen a la Venezuela que surgió desde el comienzo de la independencia. Conocido es que Bolívar, Bello, Rodríguez, del Toro, Roscio, Tovar y muchos otros se nutrieron de los ideales de la ilustración así como de los procesos revolucionarios de Francia y Estados Unidos. La invasión napoleónica a España y las no pocas torpezas de la Corona ofrecieron la crisis coyuntural para desatar el espíritu emancipador que dió a luz un nuevo tiempo. Por otra parte, la gesta revolucionaria francesa desató un espíritu romántico y seguidamente idealista en la época. Será el tiempo de la Historia, de los Herder, Humboldt, Goethe, como el tiempo de los Fichte, Schelling, Hegel. Será el tiempo de la conciencia histórica y de la esperanza en el progreso. Hasta la misma idea de "revolución" connota esa impronta romántico-idealista. Hay que decirlo, nuestra voluntad republicana y democrática poseía mucho de eso, de voluntad e idealismo.


Faltaron las condiciones materiales que dieran basamento al idealismo republicano de los precursores de nuestra independencia. Con contadas excepciones como la región andina, el país heredado de la colonia era de terratenientes sustentados en la producción de cacao, azúcar, añil y café, productos para nada imprescindibles en la dieta humana. Gran parte de las haciendas quedaron destruidas o cuando menos improductivas tras las cruentas guerras de independencia. Sólo a partir de 1830 se consiguió un corto período de relativa calma para revitalizar la producción, pero sin capitales nacionales para la inversión y llegando tarde a un comercio mundial que se movía ya con fuerzas industriales, nuestro país quedó como exportador de las materias primas ya señaladas en la división internacional del trabajo. Tampoco había suficiente población para desarrollar otro tipo de economía y pronto volvieron las guerras civiles en aquel país palúdico. ¿Cómo podría emerger en aquellas circunstancias un país integrado de ciudadanos? No había condiciones económicas como tampoco políticas y socioculturales. A pesar de ello, el anhelo republicano se mantuvo y llega hasta hoy, pero más que todo como anhelo, un anhelo que se ha manifestado a lo largo de estos dos siglos en nuestras formas de legislar, en nuestras leyes cívicas e ilustradas, pero al final leyes que se acatan pero no se cumplen.

De aquel país palúdico del XIX emergió otro en el siglo XX con una gran capacidad financiera producto de la explotación de los hidrocarburos. Ahora sí Venezuela se posicionó en un lugar destacado de la división internacional del trabajo, pero nuevamente como exportador de materia prima, de energía, e importador de casi todo lo demás. Heredada de la colonia la propiedad estatal del subsuelo, el Estado se fortaleció con las rentas que obtuvo de la explotación de la fuente que ha movido la producción y distribución mundial de la misma en el último siglo, el petróleo. Nuestro Estado devino en petroestado, y ante las inmensas necesidades heredadas de la miseria hizo mucho durante varias décadas en materia de modernización, primero cobrando impuestos y regalías a las transnacionales extranjeras, luego con la nacionalización de la producción a partir de 1976, si bien con poco tiempo de disfrute ante ya el colapso evidente del modelo económico hacia 1983. Para decirlo con Maza Zavala, aquel Estado engordó sin sacar músculo, modernizó pero sin mayor modernidad en cuanto a la formación de una sociedad civil relativamente independiente, pues gran parte de sus fundamentos fueron creados desde el Estado. Medina reunió a los empresarios en Fedecámaras, los adecos crearon organizaciones sindicales, campesinas y gremiales, pero casi todas desde arriba, desde el Estado. La economía giraba prácticamente en su totalidad alrededor del petróleo que poco empleo absorbía, menos del 0.5% de la población económicamente activa. Pero con una bomba financiera tan poderosa como lo es esa industria, con un imán tan potente, el empleo comenzó a crecer en sectores improductivos e informales al margen de los campos petroleros o en el sector burocrático-estatal bajo el ejercicio de un creciente clientelismo político para saciar la sed de legitimación de los gobiernos. Para decirlo ahora con Uslar, la sociedad comenzó a vivir del Estado, a depender del mismo. Sin duda, pésimas noticias para la democracia.

Con una economía parasitaria, un Estado macrocefálico y una sociedad con poco tejido asociativo pero creciente tanto en número de habitantes como en sus demandas urbanas y de consumo, el sistema colapsó a finales de la década de los setenta. En 1983 se evidenció la crisis económica, en 1989 la social y en 1992 la política. Hasta 1999 no se hicieron sino ajustes puntuales, salvo el intento de CAP II de darle un vuelco al modelo económico pero sin viabilidad política efectiva. A partir de 1999, el gobierno interpretó la crisis social y la crisis económica como solucionable a partir de una transformación política. Una nueva Constitución refrescó el modelo institucional, pero pronto se dejó de lado al apostar por un socialismo rentista y de corte militar burocrático que tornó exageradamente inmenso el tamaño del Estado y lo volvió aún más autoritario. Terminada la bonanza petrolera hacia 2013, ese gigante inoperante aplastó más y más a la ya de por sí débil sociedad civil y cercenó durante años el cambio económico valiéndose de la ya insuficiente renta petrolera.

Entendemos la democracia como democratización, como empoderamiento de las personas y libertad para expresarse y asociarse en sus comunidades y organizaciones ciudadanas, empoderamiento para lograr la menor dependencia posible de la racionalidad ganancial-competitiva propia del mercado o de la racionalidad jerárquico-burocrática propia del Estado. Para que la racionalidad horizontal-asociativa típico-ideal de las organizaciones civiles no quede sometida a la competencia individualista del mercado o al aparato burocrático estatal se precisa de unas determinadas condiciones materiales, de un modelo económico que invierta la relación de dependencia entre sociedad y Estado, un modelo productivo que haga que independice a los ciudadanos convirtiéndolos en financieros del gasto fiscal mediante los impuestos. La economía minera y petrolera bajo monopolio estatal no facilita esta tarea, máxime en un país en el que el petróleo llegó sin industrialización y en medio de la pobreza. El caso es que en las últimas cuatro décadas poco o casi nada se ha hecho por transformar el modelo de país. Más bien, el socialismo rentista, sobre la base de la bonanza de los precios del hidrocarburo, frustró más un cambio empoderador de los ciudadanos y las comunidades.

Las contradicciones del sistema finalmente han fulminado la soberanía, la de la sociedad venezolana para decidir su futuro mediante el ejercicio democrático y la del propio aparato estatal macrocefálico al quedar subyugado por las fuerzas estadounidenses. Lo triste es que para el país del norte solo parecemos contar como su reserva regional de minerales y petróleo, lo que nos mantendría en el peor de los mundos posibles, sin libertades democráticas y sin poder decidir sobre el empleo de nuestros recursos. La solución obvia: devolver la soberanía a la sociedad empoderándola económica y políticamente. Fácil de decir, difícil de implementar sin lograr acuerdos amplios entre las fuerzas políticas, económicas y sociales del país para enfrentar los desafíos presentes y construir un tejido asociativo civil y comunitario fuerte que le de músculo al ciudadano individual, a la economía productiva y a un Estado eficiente en la generación de equidad de oportunidades para la población ofreciendo la mayor calidad en materia de educación, salud y seguridad social. Mientras esperamos por este amplio acuerdo, actuemos desde nuestras respectivas instancias reclamándolo y organizándonos para poner coto a la aplanadora estatal que nos aprisiona y a la alternativa de dejar todo en mano de las libres fuerzas del mercado y su mano invisible y frecuentemente peluda. Ni lo uno ni lo otro, más comunidad y sociedad civil en su lugar. Y dentro de esta última la Universidad, que me toca de cerca, ha de cumplir un papel primordial como gran plataforma de encuentro para empoderarnos por medio de la pedagogía social que transforma nuestras vidas. No dudo que lo hará.

jueves, 30 de julio de 2026

De Cinema Paradiso al Rialto, el mundo que se nos fue

 


Por: Javier B. Seoane C. | Jueves, 30/07/2026 10:46 PM |


"Cinema Paradiso" (1988), la reconocidísima película de Giuseppe Tornatore, descansa sobre el argumento de lo que una vez representó el cine en las comunidades humanas. Cargada de nostalgia por un tiempo que se fué junto con los antiguos cines, a más de uno, yo el primero, esta película sacó lágrimas. Sentimos con aquellos habitantes de aquel pueblo del sur italiano cómo vivían las películas proyectadas en el Cinema Paradiso, proyectando a su vez sus temores, sus anhelos, sus fantasías en cada función. Pero el cine no era sólo un edificio para proyectar películas y para que cada quien haga catarsis sentado en una butaca. El cine era mucho más.

Hace apenas unas semanas comenzó la demolición interna del Teatro Rialto en Barquisimeto, una edificación histórica dedicada a proyectar películas, con casi un siglo de existencia, inaugurada en 1929, declarada en 2005 patrimonio cultural de la nación venezolana. Una conocida firma comercial compró el edificio, y logrado el permiso de la Alcaldía de Iribarren, lo transforma ahora en un estacionamiento para sus clientes. La empresa ha afirmado que no se pierde ningún patrimonio pues la fachada principal se conservará, pero ya no será la fachada de un cine, será la fachada de un parking. Al parecer la Alcaldía y el comercio se sienten satisfechos puesto que se dice que el cine estaba abandonado y corría el peligro de desplomarse, en cambio ahora tendrá utilidad. No obstante, no han faltado serias protestas por parte de grupos destacados de la sociedad civil, protestas desoídas. Parece que dicha sociedad civil carece de suficiente fortaleza para hacerse oír. ¿Carecerá de suficiente tejido social orgánico? ¿Carecerá de espacios sociales para tejer dicho tejido? Si en la película de Tornatore el Cinema Paradiso se incendió, lo que el pueblo sintió como una gran calamidad, también el Cine Rialto padeció un grave incendio en 1931, pero se reconstruyó y volvió a abrir sus puertas a los pocos años. Allí, en las cercanías del centro de la ciudad, se reunió por décadas la sociedad barquisimetana para vivenciar los filmes, comentarlos y también conversar sobre diversos menesteres, para tejer sociedad.

Cinema Paradiso era un edificio, pero era sobre todo el lugar de encuentro de aquel pueblo de la postguerra italiana, el sitio para compartir un mundo de la vida, para dialogar, para enamorarse, para cuidarse unos a otros, para discutir sobre los problemas personales y colectivos. En aquel mundo sin "redes sociales" ni televisión el encuentro cara a cara era fundamental y la sala de cine era un espacio privilegiado para dichos encuentros, para el intercambio de sonrisas y miradas cómplices, para tejer redes que poco o nada tenían de virtuales. Del mismo modo, el Rialto constituía ese tipo de espacio social. Mi condición de sexagenario me dota de hermosos recuerdos sobre aquellos grandes cines. A mitad de la filmación había un intermedio de aproximadamente diez minutos en el que las personas salían de la sala a un hall a tomarse algo y reunirse brevemente, como igualmente antes de comenzar la proyección había tiempo para los encuentros personales en el susodicho salón de estar.

Como el Rialto, o como en Caracas el Lido, el Castellana, el Broadway, el Radio City o tantos otros, estos cines fueron por lo general hermosas arquitecturas, muy amplias, con cervecerías, cafés y librerías algunas, pero sobretodo eran arquitecturas para socializar sin que ello supusiera necesariamente consumir. Mas, a cierta altura, pasada la década de los sesenta, estos edificios se fueron transformando en otra cosa. Primero en multicines, es decir, donde antes había una sala única de proyección con gran aforo, muchas veces divididas en patio y balcón, repentinamente aparecieron tres o cuatro sino más salas, con menos capacidad pero donde simultáneamente se presentaban distintas películas para saciar el apetito de distintos públicos. Desapareció entonces el intermedio y el espacio entre una función y otra se redujo, convirtiéndose en salas en las que mientras un público salía por una puerta ya otro estaba entrando por la otra. Cada vez las salitas se parecían más a una estación del metro, con constantes entradas y salidas, y como tal estación de pasada se parecían más y más a lo que Marc Augé ha denominado un no-lugar, es decir, un espacio de anonimato, tránsito y probablemente consumo, un sitio sin vínculos sociales, como el baño público de una gasolinera o quizás el estacionamiento de un famoso comercio. Posteriormente gran parte de las clásicas salas de cine, muchas veces llamadas Teatros pues eran lo suficientemente grandes para representaciones dramatúrgicas, fueron demolidas y en su lugar se levantaron sendos centros comerciales, como son los casos del actual Lido o el Parque Cristal, en este último antes estaba el Cine Canaima de Caracas. En otros casos se construyeron gigantescas torres de oficinas de espejos a lo Manhattan, como ha ocurrido con el Castellana, también de Caracas. Ya desde allí no se contempla el Ávila, solo predomina la sombra. Mientras, las otras edificaciones que aún quedan en pie se vuelven iglesias evangélicas, o del Pare de Sufrir y demás. De algún modo, en esta transición del Cine-Teatro a la Iglesia algo queda de representaciones dramatúrgicas.

La modernización no perdona, especialmente para las ciudades en las que la renta del suelo se incrementa. Ahora en lugar de un cine hay muchas salitas dentro de gigantescos Mall con centenares de comercios de todo tipo, arquitecturas sin ventanas, circulares, en las que el paso del día no se percibe fácilmente a pesar de los tiempos cada vez más líquidos (Bauman) de nuestra época. Como dije, ya no hay intermedios ni espacios para permanecer al terminar o antes de empezar la filmación, espacios para que nos relacionemos, para saber de ti, para volver a verte, saber que vives. Para eso el genio emprendedor ha colocado las ferias de comida próximas a las puertas de las salitas, allí se sientan los espectadores ahora vueltos comensales de alguna conocida franquicia, sentados sobre sillas plásticas usualmente con colores chillones para que tampoco se te ocurra permanecer mucho allí, a menos, por supuesto, que sigas consumiendo. De lo contrario, un empleado retirará las bandejas, la basurita y te preguntará cortésmente si deseas algo más, recordándote que sólo eres un consumidor.

Hubo por aquellos tiempos de la serie de "Los Picapiedras", los años sesenta, autocines. En Caracas existieron varios. Singularmente recuerdo uno a la altura de Sebucán donde desde la Cota Mil uno podía colearse en la proyección sin pagar la entrada. Recuerdo otro por Los Chaguaramos, creo que hoy reconvertido en una estación policial no muy grata. Había otros en autopistas o en El Cafetal, donde las haciendas de otrora dieron paso al tránsito vehicular. Cuando vi por primera vez que convertirían el Rialto de Barquisimeto en estacionamiento pensé que volvían los autocines, que el Rialto se transformaría en un autocine, donde los citadinos con sus flamantes autos asistirían contentos, gritando ¡Yabba-Dabba-Doo!, a la función de turno. Pero no. Los autocines, después de todo, aunque poco dados a la socialización a menos que fuese dentro de la cabina de un auto, ocupan mucho terreno que se desperdicia sin sacarle el debido provecho pecuniario. El Rialto simplemente será el estacionamiento de un comercio, aunque podemos estar contentos pues conservará su flamante fachada histórica.

Y así amiga lectora, amigo lector, los tiempos líquidos del acelerado cambio tecnológico y la expansión comercial liquidan los espacios sociales para el encuentro humano, para la sonrisa, para el llanto compartido, para la discusión sobre nuestro futuro político, para tejer asociaciones o simplemente para querernos un poco más. Los intermedios y los salones de estar previos a las salas de cine dan paso a las ferias, las relaciones cara a cara a las "redes sociales". Mucho me temo que Cinema Paradiso no volverá, el Rialto tampoco. Tras su fachada se estacionarán autos cuyos choferes prestos al consumo desconocerán las vivencias que allí una vez se vivieron. Como pasa con nuestra infancia actual, en la que las pantallas han reemplazado a la plaza, al parque, al juego de pelota hecha con el cartón de un cuartico de jugo, al juego de la ere o del escondite, así el viejo cine pasa a ser un sitio de miles de pantallas, tantas como individuos haya, o quizás hasta un poco más, con cientos de comercios y la infaltable feria de franquicias. Lo que fue ya no será, cantó una vez José José.

viernes, 24 de julio de 2026

Bajo los escombros de occidente



Por: Javier B. Seoane C. | Viernes, 24/07/2026 06:42 AM |

Max Weber caracterizó la civilización occidental como un continuo proceso de desencantamiento y racionalización del mundo que promete un progreso al infinito, punto este último que hace más insignificante al individuo en su relativamente corta vida. Por ejemplo, la medicina y la biotecnología prometen que en pocos años alargará la existencia del individuo a más de 150 años suprimiendo enfermedades degenerativas y terminales mediante la ingeniería genética, no obstante, quienes hoy sufren de estas patologías sienten y saben que no llegarán a verlo. Lo prometido no es para ellos. En cambio, para otras civilizaciones que tenían una concepción cíclica del tiempo, para las cuales la vida como las estaciones del año eran un ciclo a cumplir, las personas no se sentían tan insatisfechas si lograban cumplir con su programación cultural de nacer, crecer y morir.

Hablar de la vida humana es hablar de su sentido, del significado de vivir, del para qué vivir. Empero, en el mundo moderno pronto descubrimos que el sentido de la vida no es unívoco, sino que hay una pluralidad de sentidos, un arco tan amplio como el que va de la idea de felicidad de la Madre Teresa hasta la idea de la vida loca de aquella canción que interpretaba Ricky Martin, y entre esos dos extremos cabe una gran variedad de sentidos, desde quienes consagran su existencia a su familia, o a su profesión, o al dinero y muchos más. Llegamos así a la interrogación sobre la procedencia de estos sentidos. La respuesta será compleja, pero en una de sus aristas parece claro que el sentido de la vida, de la propia y de la no propia, no la consigue el individuo en aislamiento, sino que antes, en un lenguaje heideggeriano, el individuo se encuentra arrojado al mundo, nace en un mundo que no ha inventado ni elegido, y ese mundo lo constituye. Se trata de un mundo simbólico que da sentido a nuestro lugar en el cosmos y al lugar de cada vida y cosa en ese cosmos. Los sentidos variarán conforme a estos mundos socioculturales. Por ejemplo, yo fui arrojado al mundo de mis padres que me dieron una primera formación, de mis maestros que me dieron otra, de mis amistades y amores, de mis experiencias más o menos directas con otras personas, que a su vez fueron también arrojadas a este mundo que compartimos. Si en lugar de donde nací hubiese nacido en una aldea china, o pakistaní, o en otra época, mi mundo sería otro, seguramente muy diferente. Reafirmemos entonces que el sentido y significado de la vida no lo consigo en aislamiento sino que es en gran medida una realización colectiva.

De vuelta con Weber, el occidental desencantamiento del mundo obedece a que en nuestro marco civilizatorio moderno se ha impuesto un tipo de racionalidad instrumental y estratégica, signada por una lógica del dominio sobre la naturaleza, marcada por una posición objetivista, un tipo de racionalidad para la que la vida, sea propia o la de otro, termina convirtiéndose en un objeto de manipulación. Al materializarse esta lógica en las instituciones sociales la acción humanamente deshumanizada se vuelve depredadora de la vida planetaria, mutiladora de la naturaleza, reduciendo todo a cálculo de medios para lograr con la mayor eficacia y eficiencia posibles fines viables y generalmente tangibles referidos al poder económico o político. Es una racionalidad que tiene como modelo la empresa capitalista y para la que lo humano termina siendo una variable más en el proceso de producción, un engranaje más en la gran maquinaria socioinstitucional, otro ladrillo más en la pared, parafraseando a Pink Floyd. Weber describe esta situación como un estuche vacío, una vida sin sentido. La empresa privada busca las ganancias, la empresa pública los réditos electorales. Es como construir edificios lo más rápido y al menor costo posible para obtener buenas ganancias, o construirlos sin mayores estudios y bases para obtener éxitos electorales. Todo se reduce a marketing y para evitar conflictos que vayan contra los intereses de este mercadeo conviene que los dioses se retiren de la plaza pública, es decir, retirar de la vida pública cualquier sistema de jerarquía de valores (dioses) y reducir todo a la lógica estratégica de la administración de los recursos, incluidos los humanos. Así, por poner un caso, la formación ética, cívica, humanística ha de marginarse, cuando no retirarse, de la educación escolar, pues esta ha de volverse lo más científicotécnica posible, lo más aséptica posible, lo más neutral posible en aras de evitar conflictos entre las preferencias subjetivas.

La racionalidad occidental ha decidido que en gustos y colores no discuten los doctores, esto es, que esos asuntos no son del saber sino de la subjetividad, de las preferencias de cada quien. La democracia, por poner un caso muy importante, no se entiende como valor, sino como técnica de elección y legitimación de gobiernos mediante el sufragio universal. Por eso, cuando un líder carismático y populista llega al poder y destruye la institucionalidad democrática con prácticas plebiscitarias quedamos perplejos y apenas atisbamos a decir que es muy fácil destruir la democracia con "prácticas democráticas". Sobran ejemplos a la izquierda y en los próximos años parece que sobrarán a la derecha. El sentido de la vida colectiva no se discute en colectivo, no es un asunto de la agenda social. Ya no preguntemos por el sentido de la vida personal, eso es un asunto de cada quien, pertenece al rango de lo privado, que cada quien resuelva en familia puertas adentro o en la iglesia de la esquina. Lo que importa es el cambalache, como diría Enrique Santos Discépolo. El individualismo sin individuos (Lukács) se impone.

Ahora bien, insistamos, la vida está constituida por dos dimensiones básicas: la biológica y la sociocultural. Si la vida animal y vegetal ha de respetarse, si hemos de concebir la naturaleza como sujeto y no como mero objeto, si la vida humana ha de valer la pena de vivirse, ello dependerá de la respuesta al significado de la vida que den nuestros mundos socioculturales. Si este mundo pretende olvidarse de esta dimensión fundamental que es el sentido y el significado, entonces no ha de extrañarse que la anomia crezca, es decir, que la criminalidad, la corrupción, el suicidio, el acoso se extiendan y amenacen la integración social poniendo en jaque la existencia toda. Tampoco ha de extrañar, para decirlo con Weber, que lo que queda de ciudadanía busque en el político demagogo al sustituto de lo que una vez fue el profeta, al que llene con algún significado el vacío creado, al que prometa caerle a plomo al hampa, freír las cabezas de sus contrincantes, expulsar a los pobres de la sociedad, regresar las mujeres a la condición de amas de casa o meter presos, en el mejor de los casos, a quienes no lleven una práctica sexual "natural". La civilización vaciada cava su propia tumba, llama desesperadamente al liderazgo carismático a refundar el mundo, no se conforma con menos que la mano dura de un dictador, así sea de poca monta como Pérez Jiménez, y el liderazgo carismático y la mano dura raramente resultan democráticas. Y, sin embargo, cataclismos trágicos, como el del pasado 24 de junio en Venezuela, abren una pequeña claraboya de esperanza cuando apreciamos la mano tendida de mujeres y hombres corrientes para sacar a un desconocido de los escombros, para sacar a un animalito, para permitir que la vida siga siendo vida. Ojalá que esa sociedad civil surgida espontáneamente ante la urgencia de esta tragedia, sin contar con el Estado ni con el mercado, al menos en aquellas primeras horas, pueda consolidarse para que el pueblo organizado de La Guaira convierta su sino en destino inteligente compartido, para que no sea de nuevo víctima de decisores que deciden sin ellos qué hacer con los guaireños y con su maravillosa tierra de luz reveroniana, para darle un sentido y significados propios a su ser guaireño.

jueves, 16 de julio de 2026

¿Estado sin saberes?

 


Por: Javier B. Seoane C. | Jueves, 16/07/2026 11:48 PM |


¿Qué pasó con el informe que produjo aquella comisión encabezada por el Ingeniero Genatios tras el deslave de Vargas en 1999? ¿Se aplicó? ¿Se hizo caso omiso de la misma? Al poco tiempo todo aquello se encomendó a funcionarios militares y políticos leales al gobierno. Pasados los trágicos terremotos del 24 de junio, habrá que investigar oportunamente lo que ocurrió en cada zona, lo que ocurrió en cada edificio, lo que ocurrió con cada permiso y con cada supervisión, si es que las hubo oportunamente. Más allá de estas investigaciones, afirmamos que hay un divorcio histórico entre el Estado, siempre capturado por un gobierno, y los saberes y conocimientos que han producido y produce nuestra sociedad por medio de sus distintos entes institucionales y organizaciones civiles.

No han faltado reconocimientos de los especialistas internacionales que hoy nos visitan a nuestros investigadores y profesionales. Alguno hasta se ha llegado a preguntar qué podría aportar si ya disponemos socialmente de los mejores y más actualizados conocimientos y saberes para emprender la larga tarea de reconstrucción de nuestras vidas. Y, sin embargo, el divorcio entre el Estado venezolano y las instituciones educativas y de investigación científica viene de larga data, agudizándose en el último cuarto de siglo en el que los méritos han sido despreciados con todo tipo de aspavientos. Si bien Universidad pública y Estado han permanecido muchas veces en las antípodas, en los últimos tiempos el estrangulamiento de los centros de investigación y la educación superior autónomos se ha elevado como nunca antes. Hubo un tiempo en que un Estado que comenzaba a andar el camino de su modernización se asoció con los saberes, acompañado por figuras como Arnoldo Gabaldón (1909-1990) se transformó la realidad sanitaria del país aumentando las expectativas de vida de su población a más del doble de años en muy poco tiempo, o con educadores de primera se hizo toda una revolución que elevó la calidad de la educación básica pública muy por encima de los estándares que ofrecían las instituciones privadas. Por aquellos años llovieron loas y aplausos de todas las latitudes a lo que Venezuela había realizado en pocas décadas. Empero, hoy la realidad es otra. En materia económica ya sabemos el desastre. Los responsables del gobierno siguieron tozudamente consejos de "consultores" buscados en Cataluña, Cuba, Ecuador y otras partes distantes de Venezuela, más que consultores fueron ideólogos obcecados, para nada especialistas en materia económica. En materia educativa han sobrado experimentos para ver cómo salen, siempre de espaldas a los sujetos de la educación, los docentes. Se han creado universidades de maletín por doquier, hoy se replica el modelo de la Simón Bolívar por los Altos de Pipe, pero al original le han caído a palazos como si fuera piñata y de la copia poco cabe esperar. En materia sismológica parece que lo que una vez estuvo muy bien articulado y con profesionales de altura, hoy se encuentra en desarticulado silencio y hasta las malas lenguas cuentan que ha desaparecido parte valiosa de su capital tecnológico. No sigamos explorando las instituciones estatales, la inoperancia ante las emergencias habla por sí misma.

La universidad y las instituciones deben repensarse, el Estado también. Hace cuarenta años se creó una Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (COPRE). En su seno se dió una interesante asociación entre universidades, sociedad civil y políticos de las más diversas tendencias. Se produjo abundante investigación que se publicó en más de una decena de tomos abarcando los diferentes sectores de la vida nacional. Poco se aplicó, los intereses partidistas se impusieron y las reformas se abortaron. Hoy urge reeditar una COPRE para el país. Si el Estado no lo hace, pues quizás debamos emprender la tarea desde la sociedad civil, tal como ocurrió en la terrible madrugada del 25 de junio cuando ante la ausencia de apoyo estatal los vecinos salieron con sus manos a salvar a sus vecinos. Hace falta crear un Colegio de Venezuela, que emule al de México, al de Francia, un órgano que reúna lo mejor de nuestros investigadores en todas las áreas con la obligación de formar al público venezolano en las mismas. Si el Estado actual no lo hace, pues ¿por qué no emprender tan valiosa empresa desde las universidades mismas? Probablemente la Universidad Central pueda encabezarla en conjunto con sus otras hermanas. En fin, no esperemos más, empujemos nosotros desde las más distintas localizaciones lo que el pesado Estado no puede hacer, la aplicación de la inteligencia social a la reconstrucción nacional. Si nos ponemos en la tarea, de seguro los gobiernos y las oposiciones, cuyas agendas parecen ocupadas por otros menesteres, así como más interesadas en falsas lealtades que en críticas, nos sigan. Para mañana es tarde.

viernes, 10 de julio de 2026

Trasnocho perezjimenista

 

Por: Javier B. Seoane C. | Viernes, 10/07/2026 12:20 PM |


En los últimos días asistimos a la búsqueda de réditos políticos de la tragedia que nos ha tocado. De seguro, para muchos resulta moralmente repugnante tal falta de empatía, pero la crítica no ha de quedarse en esta dimensión, ha de avanzar a un análisis que procure develar intereses que se esconden tras los usos ideológicos. En la Venezuela actual parece que hay más de un gobierno en el inoperante Estado que desde ya hace varias décadas nos aprisiona bajo sus escombros institucionales. Del mismo modo, hay varias oposiciones, desde unas muy camaleónicas que justifican casi cualquier cosa de Miraflores a cambio de embajadas y cosas por el estilo, hasta otras que apuestan por salidas tiránicas protofascistas. Entre estas últimas se encuentra un grupo que busca reivindicar en cualquier intersticio que se le presente un pasado glorioso de cachuchas, particularmente exaltar el período de la dictadura de Pérez Jiménez. Relatando ese presunto pasado glorioso presenta la imagen de su país deseable, uno que sea "puesto en cintura" por algún general debidamente armado.

Basta explorar un poco las llamadas redes sociales para toparse con mensajes que exaltan las obras producto de la política del cemento de la dictadura pérezjimenista. Suelen repetir lo mismo: ante los dos terremotos del 24 de junio las obras de aquella época se mantienen en pie. Al parecer todo lo anterior o lo posterior se vino abajo o no sirve para mayor cosa. Incluso algunos llegan a la desfachatez de hacer uso de la inteligencia artificial para generar portadas de periódicos donde el flamante régimen alertaba que no se podía construir mayores edificaciones en La Guaira pues los suelos no las soportarían. Así, por ejemplo, una publicación de una cuenta con muchos seguidores (https://www.instagram.com/p/Dal8doSkRnZ/?igsh=MWp6cW02ODd1MjZlMw%3D%3D) publica la imagen de una portada de "El Diario de Caracas", de fecha sábado 3 de diciembre de 1957, en la que el titular a todo lo ancho afirma: "URBANIZACIÓN 2 DE DICIEMBRE SE EDIFICARÁ EN EL OESTE DE CARACAS DEBIDO A QUE ESTUDIOS GEOLÓGICOS ARROJAN QUE LA GUAIRA NO ES SUELO ESTABLE". Debajo del titular, en el centro, una gran foto del General junto a algunos de sus funcionarios. Sin duda, un uso bastante bruto de artificiosa inteligencia. ¿El Diario de Caracas en 1957? Creo que Marcel Granier apenas tenía 17 años. ¿Se construyó entonces el "2 de diciembre", actual 23 de enero, en apenas mes y medio? Pues el 23 de enero de 1958 ya el General estaba en vuelo expulsado de Venezuela. Hasta el día de la semana se olvidó de averiguar el inteligente, pues aquel 3 de diciembre fue martes, no sábado. Empero, la intencionalidad de tal desatino histórico está clara. No se trata de una broma, de un chiste, de una ironía, sino de la pretensión de reivindicar el período de la dictadura. En ese esfuerzo denodado no resultará extraño que pronto se exalte la Avenida Victoria, la Cota Mil, las Torres de Parque Central o los distribuidores de las autopistas también como obra del esclarecido general.

¿Se tratará de una campaña caza bobos? ¿De una muestra de profunda ignorancia histórica de parte de aquello que nos ha traído hasta hoy? ¿O acaso algo peor? Seguramente todas las respuestas a estas interrogantes pueden ser afirmativas. Además de politizar burdamente una tragedia, se olvida que aquel período estuvo marcado por corruptelas en esas obras vía cobro de comisiones, muchas de ellas faraónicamente inútiles como el Hotel Humboldt. Se olvida que fue un período caracterizado por violaciones de los derechos humanos, por represión y torturas, por cárceles como Guasina. Se olvida que aquel régimen negó la voluntad popular expresada en noviembre de 1952 robándose las elecciones nacionales que dieron la presidencia a Jóvito Villalba, como años más tarde cínicamente confesaría en sus memorias publicadas su ministro del interior y asesor intelectual Laureano Vallenilla hijo. Se olvida que se benefició ilícitamente un grupo de enchufados como se llaman ahora, o una camarilla en el uso del lenguaje de aquella época. No obstante, estos olvidos son dignos de psicoanálisis pues son muy voluntarios, es lo que se calla. Hay otro olvido probablemente más involuntario: el anhelo de una autoridad tiránica en la que cobijarse para beneficiarse, el anhelo histórico de un caudillo, un anhelo de lo que nos ha traído al presente, el anhelo que está tan arraigado en nuestra izquierda militarista, castrista y galáctica, como en nuestra derecha protofascista. Al final del día ambas se desean histéricamente, se aman negándose.

La publicación mencionada no es un hecho aislado. Hay desde hace años una campaña pro dictadura pérezjimenista tras la que se encuentran determinadas élites que cuentan con periodistas, intelectuales, políticos, militares, empresarios y demás epígonos de aquel período. Forma parte del ejercicio reflexivo y formativo de la opinión pública develarla en sus miserias humanas.

viernes, 3 de julio de 2026

Responsabilidad política y reconstrucción





Por: Javier B. Seoane C. | Viernes, 03/07/2026 05:46 AM | 


La canallada se hace presente para obtener réditos económicos y políticos de la tragedia que padecemos. Como las dignas mujeres que denunciaron y rompieron los dólares robados a los policías del CICPC; como los miles de rescatistas internacionales que hoy dejan sus mayores esfuerzos salvando vidas en cada montón de escombros de nuestra geografía, especialmente en la tan golpeada de La Guaira; como, y sobretodo, los vecinos que de cada rincón salieron desde el primer minuto a salvar al prójimo conocido o desconocido, sin herramientas pero con sobrado espíritu solidario; como los dos ángeles vestidos de mototaxistas que en la misma madrugada del día 25 a puño limpio desenterraron a una entrañable compañera de uno de los tantos edificios hecho escombros en Playa Grande; como toda esa gente maravillosa que está dejando cuerpo y alma buscando vida para que siga siendo vida, hoy hay que mantener ese sentimiento humano, procurar superar tanto obstáculo con el mayor de los acompañamientos y apuntar a la construcción de un nuevo futuro para el país.

Que la amargura y rabia que despierta la canallada no nos obnubile de lo más importante, el por-construir de nuestro país. Habrá tiempo para buscar las responsabilidades políticas, que seguro que las hay y en abundancia. Las tendrán aquellos que hace más de cuarenta años mantuvieron sus privilegios sin hacer los cambios necesarios ante un país que había multiplicado su población y cuyas bases económicas echadas a partir de la muerte de Gómez ya no daban abasto para las nuevas necesidades. Las tendrán quienes reemplazaron aquella incompetente clase política con nuevas incompetencias, quienes prefirieron el conflicto permanente, quienes no escucharon voces críticas y razonables, quienes prefirieron una moralina pacata de la lealtad, más a una persona que a una causa, aquellos que en lugar de una ética de la responsabilidad prefirieron seguir e imponer a los demás sus convicciones. Moral falsa de la lealtad que dio poder a quienes gritando consignas vacías se colaron entre los intersticios institucionales para saquear los bienes nacionales y dejar en la miseria a este pueblo que hoy se ha desvivido por ayudar al prójimo. Fue muy fácil decir que en determinado lugar olía a azufre, aprovechar miles de millardos de renta petrolera del pueblo para comprar alianzas en la política internacional o comprar a los adversarios con corrupción, como ya confesó en conocida entrevista un ex-vicepresidente. Las tendrán quienes han gobernado y, por ejemplo, en las últimas décadas entregaron permisos de construcción a edificaciones impropias para el lugar, o simplemente no supervisaron adecuadamente las mismas. Serán corresponsables de la hecatombe humana que estamos sufriendo. Las tendrán quienes desde la oposición practicaron el aventurerismo y mandaron a masacrar adolescentes a mano de unas fuerzas militares y policiales que habrán de ser revisadas y repensadas en su totalidad, y lo hicieron no una sino dos veces. Aquellos que después se aventuraron con intentonas de cambur y aguacate, los mismos que promovieron abstenciones para facilitar el trabajo de quienes buscaron mantenerse en el poder a como diese lugar. Hay demasiada responsabilidad ante lo que hemos sufrido. La naturaleza golpeó duro, muy duro, pero el infantilismo político-ideológico, el saqueo del tesoro nacional por hipócritas encubiertos bajo mantos socialistas revolucionarios, el aventurerismo de los que estaban del otro lado de la acera y la indolencia de gobiernos extranjeros que bloquearon al país por doquiera golpearon como un tercer y definitivo sismo. Bomberos sin recursos, hospitales cerrados o hasta sin algodones, fuerzas armadas poco preparadas, impericia y falta de previsión, dejaron durante las primeras horas en la mayor soledad a nuestra gente.

Habrá que hacer las investigaciones de cómo se manejó el gobierno en estos años en todo tipo de materia institucional, de cómo actuó la dirigencia opositora, de qué pasó con cada edificio, con cada vivienda, con cada ser humano que ya no está con nosotros. Hay que hacerlas, y ya no será creíble que las haga un gobierno, este o uno nuevo. Tendrán que ser investigaciones con un riguroso carácter científico, lo que significa investigaciones realizadas entre comunidades lo más amplias posibles, comunidades en las que concurran expertos y no expertos. Y habrá desde el primer momento quienes declaren estar a favor de las investigaciones mientras tras bastidores tratarán de bloquearlas por doquiera. ¿Lo lograrán?

De cara al futuro tendremos que hacer cosas muy diferentes y con la mayor responsabilidad política. Y hablo de política en el sentido más amplio, en el sentido de “polis”, de comunidad, de sociedad. Allí estarán los partidos quienes tendrán, como han tenido ante lo ocurrido, su responsabilidad partidista. Pero tendremos que estar todos como sociedad civil, vigilantes y participando, exigiendo transparencia en lo que se investigue, exigiendo la publicación en forma universal de nuestros ingresos, de los gastos, de a quienes se le entregan los contratos y bajo qué criterios. Exigiendo una hacienda pública que dotada de la tecnología informática de nuestro tiempo sea tan transparente como pueda efectivamente serlo. Exigiendo otro modelo educativo que construya actitudes ciudadanas, sin el cual cualquier discurso democrático es solo palabra vacía. El ciudadano debe saber cómo están dotados sus bomberos, sus hospitales, sus escuelas, en qué se invierte el futuro de la nación, cuál es el presupuesto de la nación y cómo se invierte. Y lo que no ayude en esto ya sabemos de qué lado está y qué pretende.

No quiero que llegue otro iluminado o iluminada a decirme qué es la verdad y cuál es el camino de la historia a seguir. Quiero a todo aquel que contribuya a construir comunidades organizadas, a todo aquel que ponga ladrillos en la elaboración de una sociedad civil que tenga bajo su control el Estado, no el inútil macrocefálico que ahora nos aprisiona como el concreto lo hace con miles de nuestros hermanos y hermanas, sino un Estado al servicio de la gente, de su salud, de su educación y de su protección, que le dé la mayor autonomía posible a las comunidades, que las empodere económica, social y políticamente. Entre tanto dolor, demasiado dolor, cual Ave Fénix, deberá renacer Venezuela.

viernes, 19 de junio de 2026

¿Democracia sin educación?

 

Por: Javier B. Seoane C. | Viernes, 19/06/2026 05:33 AM |


¿Será disfuncional la Escuela venezolana en materia de formación ciudadana? De seguro el problema de la educación para la democracia no consiste sólo en la buena voluntad política de emprender reformas educativas, sino que antes se precisa conquistar la voluntad de los actores de la educación, especialmente la voluntad de los educadores. Mas, para conquistar esa voluntad se requiere persuadirlos y convencerlos de que hay una serie de obstáculos que enfrentar, muchos de ellos invisibles, unos que dependen más de la institución escolar, otros que encuentran su lugar fuera de la escuela. En cuanto a los primeros, se necesita vencer una cultura autoritaria y magistrocéntrica, cultura que aún persiste entre maestros y profesores, con una dimensión actitudinal y otra cognitiva. Actitudinal, en tanto se refleja en las formas autoritarias de proceder frente a los alumnos. Cognitiva, pues modificar estas actitudes supone alcanzar un conocimiento efectivo del carácter práctico de la educación para la democracia. De los obstáculos externos a la Escuela, que hallamos en la familia, en los medios de comunicación social, en las redes sociales y en los diversos entes de la comunidad, no vamos a hablar aquí en esta oportunidad.

Hoy nos preguntamos: ¿qué se ha hecho en los últimos años en materia de la educación ciudadana? Estimamos que por un lado se ha hecho mucho, pero por otro muy poco. Mucho, pues se ha ganado una conciencia en la sociedad que antes no había. Los avatares de la democracia en estos tiempos, la fractura social y política, la emergencia de nuevas formas autoritarias en el país y a nivel mundial, ha hecho que partes importantes de nuestra sociedad se movilicen y comprendan que no hay sistema democrático sin apoyo de un ethos ciudadano, tolerante y solidario. Cada vez más comprenden que este ethos no se constituye por generación espontánea sino por medio de la socialización y la educación metódica. En este sentido, en las distintas universidades del país se han llevado a cabo eventos de distinta naturaleza sobre estos tópicos, si bien los mismos no se han materializado todavía en cambios curriculares sustantivos.

Mas, por otro lado, se ha hecho muy poco y hasta quizás se pueda afirmar que hemos retrocedido. En términos de políticas educativas estatales se ha procurado, ciertamente, rescatar una reflexión tanto social como sobre la historia nacional en el salón de clases. No obstante, no ha contado con la legitimidad de la sociedad venezolana cuando una parte importante de ésta ha cuestionado los cambios por ser de naturaleza ideológica progubernamental. En el campo propio de la educación ciudadana poco más se ha hecho, a pesar de que en la letra de nuestra Constitución siempre ha estado presente la necesidad de hacer participativa la democracia venezolana, de concienciar a la población sobre el papel de los medios de comunicación social y de extender la educación a todos los sectores de la sociedad. El problema de la educación para la democracia es cuantitativo en el sentido de esta extensión, pues se fracasará en el intento democratizador si no se forma a la población. Empero, se trata también de un problema especialmente cualitativo en cuanto que se trata de constituir un ethos, una personalidad moral. Con relación a este último aspecto, seguimos teniendo una escuela bastante bancaria (Freire), en la que poco se convoca a los estudiantes a ejercer papeles activos conducentes al protagonismo deliberativo.

Venezuela está por hacerse y quienes nos sentimos llamados a consolidar la democracia en el país debemos no desfallecer y seguir en el camino de ofrecer opciones a partir de diagnósticos bien elaborados. Además, hay un sendero andado por nuestras instituciones. Hay una tradición históricamente ganada hacia la lógica electoral, algo que hay que impulsar a pesar del influjo mundial que apunta cada vez más en clave cínicamente autoritaria y desinstitucionalizadora de los regímenes democráticos existentes ya de por sí precarios desde su origen. Nuestra misión consiste en abrir brechas que conduzcan hacia una Venezuela próspera, humana y democrática que creo anhelamos la mayoría. El principio esperanza (E. Bloch) nos da aliento para actuar en conjunto, en equipo, ganando capital social para el logro de estos anhelos.

Llevamos años procurando llamar la atención de que no hay democracia sin educación democrática. Desde 1995, mucho antes de la llegado del chavismo a Miraflores, hasta la actualidad tenemos decenas de publicaciones sobre el tema. No desfallecer es la consigna. Seguiremos tratando temas afines a la educación para la democracia como son, entre otros, la relación entre familia y escuela; medios de comunicación social, redes sociales, inteligencia artificial y ciudadanos informados; el mundo social del aula; la contribución de las distintas materias a la formación ciudadana; la formación de capital social, educación y democracia. Nuestro futuro exige poner la educación en primer plano.

jueves, 11 de junio de 2026

Salvemos a la Simón Bolívar

 


Por: Javier B. Seoane C. | Jueves, 11/06/2026 10:13 PM | 


El concepto con el cual se fundó y desplegó durante varias décadas la Universidad Simón Bolívar resultó innovador y exitoso. Tanto así, que hoy hay quienes quieren retomar con una "nueva" Universidad muchas aristas de ese concepto, si bien con la gravedad de que se lleva ya varios años demoliendo el original. La destrucción de la infraestructura física de la Simón bien vale de claro reflejo de su destrucción también espiritual, académica. Que hasta un caimán haya crecido y sobreviva en la piscina olímpica de Sartenejas habla de un regreso del espíritu a la naturaleza salvaje. La comunidad universitaria de la Simón lleva tiempo clamando auxilio y el país, si se quiere un país con futuro, debe atender este llamado. En lo personal, como beneficiado del muy buen sistema de educación pública venezolano de la segunda parte de nuestro siglo XX, como egresado del Liceo Gustavo Herrera (del que debo escribir pronto), de la Universidad Central de Venezuela y de la propia Universidad Simón Bolívar, elevo mi voz para sumarme al reclamo para salvar tan magnífica institución.

Desde el último quinquenio de la década de los sesenta se constituyó una Comisión para llevar a cabo el proyecto de una universidad científico-tecnológica de excelencia. En esa Comisión hubo un grupo de reconocidos filósofos del país como Alberto Rosales, Eduardo Vásquez y el que sería su Rector-fundador Ernesto Mayz Vallenilla. La presencia de estos pensadores tenía una buena razón de ser. Y es que desde el comienzo se consideró que la educación en general, y particularmente la educación universitaria, no ha de separar las ciencias y tecnologías de las humanidades, pues de tal escisión sólo puede resultar una peligrosa perversión epistemológica. Por ello, la Simón nació ligada a la reflexión humanística. Su Departamento de Filosofía abrió las puertas el primer día y junto con otros ligados a la literatura, la psicología y las ciencias humanas y sociales, dotó de una formación reflexiva a sus egresados en ciencias básicas y tecnológicas Cada estudiante de pregrado, no importa de qué carrera, tenía la obligación de cursar asignaturas de esos Departamentos, que pronto dieron apertura a excelentes postgrados también. Todas las semanas había conferencias generales sobre la dimensión humana, social y ética de la ciencia y la tecnología, conferencias con invitados de primera línea y que eran transmitidas en un circuito de televisión cerrada en todos los espacios de la Universidad.

El país conoce bien la inmensa calidad profesional de sus egresados, demandados por la comunidad nacional e internacional. Hoy se ha decretado otra universidad, por allá, por los predios del IVIC, con semejante concepto pero sin el capital académico y la experiencia acumulada de la Simón. Me pregunto una y otra vez, ¿qué sentido tendrá pretender, y sólo pretender, crear otra Simón en un país que sufre tantas necesidades, muchas de ellas vitales?

Para implementar el proyecto modernizador universitario de la Simón, se la declaró experimental desde el propio año 1970. Así, pudo configurarse una estructura académico-administrativa departamental, lo que le permitió un mayor dinamismo en la movilidad estudiantil y docente entre diferentes disciplinas y saberes, así como economizar presupuesto evitando gastos que duplicaban cátedras. Pregrado y postgrado se mantenían enlazados por medio de los Departamentos. La dirección académica rotaba cada dos o tres años entre todos los profesores adscritos a la dependencia respectiva. Si tuvo la ventaja de la condición experimental para inventarse durante un largo tiempo, esta misma condición terminó siendo su perjuicio de los últimos años al darle facilidades a un gobierno voraz, enemigo de los méritos y exigente de compromiso leal con un programa ideológico partidista, para intervenirla y volverla un capítulo más en el libro de la hecatombe nacional.

Yo estudié allí mi postgrado en filosofía, no me faltó nada. Disponía de un buen transporte que me llevaba puntualmente a Sartenejas y me regresaba prontamente a Caracas, como a cualquier otro estudiante. Almorzaba gustosamente en su comedor, trabajé en el Departamento de Filosofía como asistente académico. Después tuve la oportunidad de ser profesor de Epistemología durante varios años y conté con el mayor de los apoyos de una excelente, actualizada y muy moderna biblioteca. Era un lujo investigar en sus instalaciones. Siempre recordaré la fría brisa de Sartenejas dándome en las mejillas o una buena lectura en sus jardines junto a tortugas, patos y gansos. Fuí testigo presencial de su grandeza, he visto su destrucción, que ha seguido a la terrible que ya sufrió la Universidad de Oriente. Y por ello demando de la Presidenta de la República y de la Ministra de Educación Superior una respuesta positiva para que la Universidad resurja de sus actuales cenizas, empezando porque se le permita a su comunidad elegir a sus autoridades y conducir una transición para mejores tiempos. Piénsese que salvar la Simón puede ser una oportunidad para integrar en su seno a otras universidades decretadas y hoy desvencijadas, instituciones más de papel que auténticos centros formativos. Espero, de todo corazón, una actuación de buena fe para el rescate de la Simón. Espero que ese rescate sea el inicio del renacimiento de toda la educación pública venezolana.

viernes, 5 de junio de 2026

Sobre la reforma del Estado

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Lo primero: la reforma del Estado es cuestión urgente, casi de vida o muerte ante la situación del país. A partir de aquí entran en juego muchas cosas para poder entendernos. Unas de contenido, como a qué llamamos reforma, qué tipo de Estado queremos reformar y qué Estado queremos construir. Otras son de forma y refieren principalmente al método para reformar el Estado y quiénes son convocados para llevar a cabo tal reforma. En las próximas líneas esbozaré algunas consideraciones sobre el contenido y la forma de la reforma estatal, todo ello a propósito de la propuesta que el gobierno ha puesto en la agenda nacional.

Antes, algo de historia: la COPRE. La Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (COPRE) fue un proyecto que se originó en el primer año del gobierno de Jaime Lusinchi (1984-1989) para dar respuesta al colapso que ya era evidente a partir del viernes negro (18 de febrero de 1983) del modelo de crecimiento económico y el Petroestado rentista que se había formado en la Venezuela del siglo XX. Para aquel entonces ya era una tarea poco menos que titánica elaborar una cartografía completa del complejo de instituciones vinculadas directamente al Estado, cual Hidra de Lerna disponía de múltiples cabezas y por más que se le cortaran le crecían nuevas, especialmente a partir del primer gobierno de Carlos Andrés Pérez (1974-1979). Considero que la COPRE sirve de modelo para repensar y llevar a cabo la reforma actual del Estado, si bien perfectible y actualizable. Lo afirmo porque fue un organismo de autoobservación y cambio estatal pensado en términos más amplios que los del gobierno de turno y su partido, así, desde el inicio lo integraron actores de diferentes procedencias político-ideológicas, académicos, especialistas independientes, actores empresariales y sindicales que se reunieron en distintas áreas de investigación propositiva como salud, educación, economía, reforma constitucional, participación electoral y política, etc. Sin embargo, el gobierno de Lusinchi engavetó durante todo su quinquenio las recomendaciones que se le propusieron consensualmente. Fue el comienzo del segundo gobierno de Pérez (1989-1993) el que impulsó algunas de esas reformas, especialmente la referida a la elección de los gobernadores estadales y la creación y elección de la figura de alcaldes, pero aquella descentralización quedó a medio hacer al cercenarse muchos recursos administrativos y presupuestarios a las nuevas entidades políticas. Para remate, por muchas circunstancias aquel gobierno nació arponeado para llevar a cabo mayores cambios, contando incluso con la oposición de su propio partido. El colofón de cierre del proyecto fue la persistente negativa de los partidos hegemónicos a aprobar las leyes que los democratizase y su obstaculización a crear las condiciones para impulsar la autonomía de la sociedad civil. La COPRE se quedó casi toda en proyecto pues las cúpulas partidistas se negaron a ceder sus privilegios, los mismos con los que a los pocos años se hundirían dando paso al actual cuarto de siglo político. Empero, la COPRE dejó un legado en una pluralidad de libros y documentos y en una forma de convocar el cambio.

Recientemente la Presidenta (E.) Rodríguez ha designado a su Ministro de Educación, Héctor Rodríguez, para dirigir una comisión especial de reforma estatal. Desconozco, como creo que gran parte del país, los detalles de esta comisión. No obstante, a partir de lo dicho por las autoridades mencionadas, algo se puede aventurar. De este modo, parece una propuesta urgida, se habla de 90 días para presentarla, se habla que está dirigida a crear una nueva estructura de gobierno y un cambio importante en la legislación en aspectos relativos al código penal, la aceleración de trámites para facilitar los emprendimientos económicos y, muy probablemente, un cambio significativo en las leyes laborales. Lo dicho supone la colaboración del poder legislativo, con la que de seguro contará y también de forma expedita, como ya lo ha mostrado en las semanas pasadas de este año. El lenguaje frecuentemente empleado también nos dice algo. Palabras como “reingeniería estatal”, “eficacia y eficiencia administrativas”, “optimización financiera” están a flor de piel. Esta terminología técnica se impone sobre la vetusta terminología ideológica, por lo que parece que estamos ante un giro pragmático en el gobierno, algo que se viene observando desde el 3 de enero.

Recordando lo que fue la COPRE, quizás en lugar de hablar de reforma del Estado sea mejor hacerlo en términos de reformas puntuales en la administración del poder ejecutivo y reformas específicas en el ámbito legislativo que apuntan a una modernización económica con miras a facilitar la inversión de capitales en el país. No estamos, sin duda, ante la envergadura de lo que fue la COPRE. Estamos ante una reforma administrativa del gobierno para podarlo de tanta paja burocrática creada durante estas dos últimas décadas, especialmente a partir de la configuración del “socialismo rentístico” en 2006. Reducir el tamaño de la mesa del Consejo de Ministros ya se ha de agradecer ante un país al que se le piden tantos sacrificios, veremos qué consecuencias traiga ello en materia de empleos públicos, pero seguro habrá mucho que ganar de cara a una administración más eficiente y económica. En pocas palabras, la cosa parece bien, y quizás el alto gobierno requiera cubrirse con el manto de una comisión de reforma para darle algo de legitimidad a los cambios que le urge implementar.

Lo que fue el concepto de la COPRE está muy lejos de lo que se plantea, pero el gobierno siempre podrá decir con razón que no ha pretendido seguir ese modelo, que la comparativa es sólo mía. Y tendrá toda la razón. Si la he puesto en la mesa es porque, 1) creo que lo urgente es una reforma global del Estado, entre otras dimensiones de sus cinco poderes, de todo su aparataje institucional, de su relación con la sociedad civil y las comunidades, de las formas de organización de los partidos políticos a los que ha de aspirar una sociedad que se quiere democrática; y, 2) que esa reforma, si se quiere efectivamente democrática, y particularmente democrática en el concepto participativo y protagónico de nuestra Constitución, ha de convocar a la mayor diversidad posible de actores políticos y civiles concernidos con la reforma y afectados por las decisiones a tomar. De modo que bienvenido el acto de podar al Estado de tanto gamelote burocrático, pero la reforma del Estado todavía es una tarea pendiente.

jueves, 28 de mayo de 2026

Heidegger, la verdad y el êthos democrático

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I

¿De cuántas formas se puede decir la verdad? Un término unívoco para nada lo es. En la polisemia de la palabra verdad caben, a modo de ejemplo, las siguientes significaciones:

1) Verdad por correspondencia entre un enunciado y su referente empírico;

2) Verdad por coherencia;

3) Verdad por consenso de una comunidad;

4) Verdad como don (donación) de un sentido y significado que se descubre (Alétheia) en un mundo, bien como ese mundo o algo de ese mundo, o un matiz de ese mundo; y,

5) Verdad por revelación.

La primera significación es, presuntamente, de naturaleza empírica y refiere a experiencias perceptivas del mundo, establece un fuerte sentido objetivo en el sentido de que sujeto y objeto se enfrentan uno a otro. En lenguaje hegeliano se trata de una certeza sensible. La segunda es propia de la lógica, los sistemas como teorías e hipótesis han de ser consistentes en sí, no contradecirse en su entrelezamientos de proposiciones. Estas dos primeras concepciones son las propias del positivismo lógico que ha predominado en las ciencias naturales y formales modernas, mientras que en las ciencias humanas y sociales tropieza con no pocas dificultades. La tercera es propia de corrientes postpositivistas y postempiristas más próximas a nuestro tiempo, es la verdad como acuerdo social y se empleó para criticar al positivismo, entre otros aspectos. Thomas S. Kuhn la hace explícita en su "La estructura de las revoluciones científicas": la verdad en la ciencia es lo que una comunidad científica en un contexto determinado define como verdad. La cuarta, la verdad como don, es una verdad propia de las artes, la poesía y la filosofía existencialista. Sartre la trata en un conocido opúsculo. La quinta es propia de las religiones, a alguien o a algunos se le ha revelado una verdad absoluta. O crees en la misma o no crees, no hay opción. El positivismo lógico excluye a las tres últimas como sinsentidos o expresiones emocionales sin valor veritativo. El Wittgenstein temprano dirá que sobre estas últimas nada cabe decir, y por ello es mejor callar.

Una primera conclusión bien puede ser que cuando empleamos la palabra "verdad" cabe problematizarla y reflexionar dentro de qué juego del lenguaje la usamos, para decirlo con el Wittgenstein tardío. Cabe también pensar en el sentido de ponernos alerta sobre si estamos absolutizando un juego de lenguaje como el único posible, algo en que cayó el discurso positivista más extremo, especialmente cuando Carnap, y como ya dijimos, termina calificando de sinsentido todo aquello que no se atenga a las verdad por correspondencia o a las tautologías de la lógica. Obviamente, este peligro está también en las otras significaciones mencionadas de la verdad, y la historia está repleta de ejemplos en materia de religiones, ideologías y prácticas políticas. Y es que en cuanto que los juegos de lenguaje son también modos de vida social tienen consecuencias en la práctica humana, por lo cual también se precisaría volvernos reflexivos en torno a esto último, las consecuencias que para la acción tienen nuestros modos de pensar y nuestras maneras de comprender nuestras verdades.

II

Carnap ejemplificaba los sinsentidos del lenguaje con ejemplos extraídos de la obra de Martin Heidegger. Citaba expresiones tales como "la nada nadea". Para Carnap no había objeto alguno en el mundo de la experiencia de la certeza sensible que fuese una "nada", por tanto nada había que nadeara. Carnap, junto con la tradición positivista a la que pertenecía, decía que había que curar al lenguaje de estas enfermedades mediante una terapéutica lingüística. Su colega, Otto Neurath, propuso que el único lenguaje válido en términos veritativos era el fisicalismo, es decir, la formalización del lenguaje en el marco de la física matemática moderna. Herbert Marcuse, en tono irónico, afirmaba que con el fisicalismo las ciencias humanas y sociales terminarían balbuceando cosas como: "el objeto que dentro del lenguaje natural castellano llamamos "escoba" se encuentra detrás del objeto que en la misma lengua natural llamamos "puerta", en la latitud "x", la longitud "y" en el tiempo "z" de acuerdo con el sistema MKS". Heidegger, quien había sido uno de los maestros de Marcuse, si bien a cierto despecho de éste, y que en esta semana conmemoramos luctuosamente medio siglo de su fallecimiento, a su modo respondía a estas inquisiciones con la tesis de que "la ciencia no piensa". Veamos.

La ciencia moderna, especialmente las ciencias naturales, ha mostrado grandes éxitos y resultados asombrosos en el dominio cognitivo y técnico de una parte de la naturaleza, incluida la humana. Y gran parte de estos logros se deben a que la ciencia no piensa, dice Heidegger. Si se detuviese a hacerlo perdería su eficacia ganada por un titánico esfuerzo metódico. La ciencia moderna no piensa porque está instalada en una concepción del mundo para la que su razón de ser es en gran medida el cálculo y la voluntad de dominio del objeto. Podemos decir que Heidegger sigue aquí a Max Weber y la tradición germana de crítica al positivismo propia de la segunda mitad del siglo XIX. La ciencia no piensa, calcula. Su racionalidad descansa en una relación de consecución de los medios más eficaces y eficientes para un fin viable, sin entrar en juicios de valor. La ciencia, en el pensar de Heidegger, descubre una cara del mundo, la cara del mundo a la mano y su utilidad de acuerdo con los propósitos de dominio humano. Des-cubre el mundo como técnica. La pregunta por el Ser, tan cara a Heidegger, le está vedada a la ciencia. Incluso, elevada al paroxismo de su racionalidad, la ciencia nos dirá que esa pregunta es mística, que no cabe hablar de ella, que es mejor callar en estos asuntos (Wittgenstein temprano), o incluso que se trata de un sinsentido (Carnap) si tal Ser no puede reducirse a lenguaje físico-matemático (Neurath). La ciencia sigue su propio camino en el inmenso bosque del mundo, traza un sendero y su éxito consiste en caminarlo sin volver la vista atrás.

Una crítica a Heidegger en este asunto pasaría por considerar su reducción de la ciencia moderna a racionalidad técnica. Volver a Weber nos ayudaría a ver en las ciencias, especialmente en las humanas y sociales, otros matices, como aquel de un autoesclarecimiento en el sentido de dar cuenta de sobre qué supuestos del mundo y sobre qué valores se montan nuestros juicios, con lo cual la ciencia descubriría aspectos no necesariamente técnicos sino más bien autocomprensivos. O el matiz de que asesorarnos en qué cabría esperar de nuestras decisiones políticas y económicas. Para decirlo con Habermas, el interés del conocimiento científico no es solamente técnico-instrumental, sino también comprensivo, pudiendo establecer las bases para un interés emancipatorio. Siguiendo la línea que va de Peirce a Dewey y de ahí al pragmatismo contemporáneo, el propio método científico en tanto que método de conjeturas y refutaciones sustentadas en un diálogo comunitario público siempre inconcluso, diálogo racional y razonable en cuanto que argumentado, basado en datos y hechos y orientado a la mayor claridad conceptual posible, sería un método crítico y base para una democracia deliberativa que se quiera inteligente por autorreflexiva. Siendo ello así, la reducción de la empresa científica moderna a racionalidad técnica, a cálculo, resulta capciosa, casi que la creación de un espantapájaros si no fuese porque el uso político-económico de la ciencia en nuestras sociedades conduce a esa poco deseable reducción. Es la voluntad de dominio institucionalizada la que, mediante las condiciones materiales del financiamiento, orienta la producción científica a dominio tecnológico del mundo y comprime el significado de la verdad a articulación entre correspondencia empírica y coherencia logicista.

III

Dicho lo dicho, pienso que ha de rescatarse cierta voluntad de escucha propia de la filosofía de Heidegger. La misma queda explícita en su considerar la verdad más allá de la correspondencia empírica y la coherencia lógica. Desde temprano la filosofía fenomenológica heideggeriana defendió la verdad como Alétheia, como des-cubrimiento, de-velación de mundos en el mundo. Estamos ante una filosofía que se niega a ver el mundo de una sola manera, una filosofía que impugna una y otra vez los cierres dogmáticos de cualquier ortodoxia, sea que se hable en nombre de la ciencia, la religión o cualquier otro factor cultural. Para Heidegger la verdad como desocultamiento (Alétheia) es anterior a la verdad como correspondencia o adecuación. Para que algo resulte adecuado primero ha de mostrarse. Para que la flor de margarita resulte un buen producto farmacológico para contrarrestar inflamaciones o indigestiones, para que se pueda verificar tal propiedad y hacerla verdad, primero tiene que mostrarse la margarita en tanto que remedio para una razón que anda en busca de remedios. Empero, la margarita no sólo es remedio, ni la razón tiene por qué circunscribirse a encontrar sólo propiedades de dominio técnico en el mundo, en este caso remedios farmacológicos. La margarita puede ser descubierta también por las artes, la poesía o la cosmología. O incluso, dentro de la farmacología incluso para otros fines que se cierran a una industria farmacéutica orientada primordialmente a las ganancias de capital. La cosa, entonces, resulta compleja. El mundo y sus entes (objetos) se muestra a una orientación nuestra que devela una forma de ser como un camino descubre una vía posible entre el follaje del bosque. Detenerse un momento, hacer un alto en el camino para pensar, quizás permita que un claro ilumine que hay otros caminos posibles, otras razones, otras formas de ver, otro orden posible en la tupida densidad de la vida. El Ser se muestra de muchas maneras, dirá Heidegger. Estar en una oculta las otras, reconozcamos esta dialéctica y abramos el ánimo a una voluntad develatoria, si bien sin la esperanza de alcanzar la luz total, la verdad absoluta. Somos seres en el tiempo, acurrucados en nuestra propia facticidad, en unos límites más o menos flexibles de acuerdo con nuestras comprensiones y entendimientos, pero siempre limitados. Todo mostrar oculta. Las ciencias muestran y ocultan, la poesía también. Adecuación, correspondencia, hay en unas y en la otra ante el mundo que se les muestra. No hay una casa que venza la sombra, lo que puede haber es una casa que reconozca sombras en su luz y con ello mantenerse atenta a la escucha y apuntar solidaridades con otros sentidos y significados. Saberlo ya es ganancia.

Llegados aquí, alguna vez un conocido personaje de este país, ex ministro, me criticó en un acto académico por tratar de develar en la filosofía heideggeriana un êthos democrático, esto es, un carácter de apertura a la diversidad, a la diferencia, que podría resultar aleccionadora para una educación formativa del carácter democrático de la ciudadanía. Me dijo que era un provocador, que de un personaje que se había ilusionado tanto con el nazismo no cabía esperar una filosofía de apertura. Pero como siempre, una cosa son las personas y otras las obras. La filosofía schopenhauriana aconsejaba el retiro del mundo, su autor era pendenciero y cuentan que hasta putañero. Más ejemplos abundan por doquier hay un humano. Somos humanos, demasiado humanos. Y también las falacias ad hominem son humanas. A cincuenta años de la muerte del hombre, queremos reivindicarlo no tanto a él sino a su reflexión sobre la verdad, a una filosofía que nos invita a pensar y a negarnos a hacerlo de un solo modo.

viernes, 22 de mayo de 2026

Preguntas a la Ministra Sanjuán

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A propósito de un comunicado de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Central de Venezuela con relación al paro de veinticuatro horas convocado por la intergremial universitaria, la Ministra Sanjuán se preguntaba si sería legal que un Decano llame a la paralización de las actividades académicas privando a los estudiantes del derecho constitucional a la educación. Esta pregunta, aparecida en una conocida red social, fue respondida por muchos colegas universitarios. Me guardaré sus nombres, no vaya a ser que la ley en un ataque de ira la agarre con ellos, pero haré un resumen de algunas y aportaré algo propio a este caldo, siempre, por supuesto y como no puede ser de otro modo, llamando a un diálogo amable, constructivo y muy pacífico.

Hubo quien se preguntaba si era efectivamente un Decano el que estaba privando de derecho al estudio a unos estudiantes. ¿No será, acaso, que en los últimos años muchos han sido privados de ese derecho por políticas económicas y públicas obtusas y probadamente fracasadas una y otra vez? ¿Cuántos en edad de estudio han dejado de estudiar por tener que salir del país o sencillamente tener que trabajar en cualquier cosa para contribuir al ingreso de familias hundidas en la miseria? Estimada Ministra, ¿cuántos millones han sido excluidos de su derecho a la educación, y no solo la universitaria, por políticas irresponsables que condujeron al naufragio económico de este país? ¿Pueden responder esta pregunta con transparencia pública los funcionarios responsables de esta hecatombe educativa? ¿Puede dar la Ministra las cifras que tiene a la mano? ¿O no tiene cifra alguna? ¿Quiénes responden? ¿O sencillamente quienes pueden hacerlo estaban comprando kerosén en la bodega, y siguen comprándolo?

Otros afectados se preguntaban si sería legalmente constitucional que el Estado no pague un salario acorde con la canasta alimentaria, con la seguridad social requerida para cada trabajador y su familia. Y sin duda, cabe preguntarse, ¿se puede llamar salario a esa cosa que le pagan a los docentes, empleados y obreros universitarios, esa cosa que no llega ni a un dólar diario? ¿O será una forma encubierta de esclavismo? ¿Tenemos cifra de cuántos universitarios han fallecido en los últimos años por el desamparo de su seguridad social? ¿O acaso es salario unas bonificaciones, también paupérrimas, que carecen de cualquier incidencia en las prestaciones laborales? ¿O será que Teodoro se robó las prestaciones? No sé, pues a la mayoría de los universitarios que se han jubilado no le pagan prestación alguna desde 2014. Yo mismo soy uno de esos jubilados y doy fe de lo dicho. Otros ya han muerto, entre ellos Teodoro. Por cierto, ya no tiene mucho sentido que las paguen, mejor me invita el Estado a un café en la panadería de la esquina, que creo saldría ganando. ¿No se está privando de muchos de sus derechos laborales y constitucionales a los trabajadores de la administración pública de este país? ¿A los pensionados del IVSS? ¿A los jubilados? Las autoridades ya no hablan de socialismo, ni del siglo XXI ni de ninguno. Los mismos que ayer vociferaban socialismo y hablaban de una revolución pacífica pero armada, que vestían orgullosamente de rojo y hoy lo hacen de azulito, hablan de que los trabajadores tienen que entender, tener paciencia y marchar contra las sanciones. Volverse emprendedores, creativos. Sí, las sanciones han sido un grave daño, sin embargo el buque nacional ya había colisionado contra el iceberg cuando llegaron dichas sanciones. Lo que hicieron, en todo caso, fue empeorar lo que ya estaba mal. ¿Hasta cuándo han de subsidiar los trabajadores a las instituciones del Estado? ¿Sabe usted cuántos docentes universitarios estamos jubilados y seguimos activos sosteniendo las instituciones educativas? Creo que usted lo sabe porque conoce muy bien y desde hace muchos años la universidad, particularmente la UCV. Una cifra más difícil de conocer es la de cuánta gente valiosa no ha podido dedicarse a la investigación y la docencia porque sencillamente la irresponsabilidad los excluyó, les quitó la universidad que mínimamente alguna vez existió.

Otro bono se ha sumado al ya conocido de guerra, uno de responsabilidad académica. Mas, resulta fantasmagórico para un gran contingente de académicos. ¿Serán estos académicos irresponsables? Se dice, porque poco se sabe al respecto, en lugar de claridad predomina la opacidad, que se paga sólo a docentes activos con dedicación de medio tiempo, tiempo completo o dedicación exclusiva. ¡Qué manguangua! Desde hace ya un buen tiempo, debido a la aniquilación presupuestaria de las universidades, una gran cantidad de docentes son ya a destajo, es decir, dan unas horitas de clase, carecen de dedicación mayor pues no hay con qué pagarles la miseria que se paga y, además, deben buscar su sustento en otras partes, no pueden dedicarse a la universidad aunque quieran hacerlo. En parte, por eso hay tanto jubilado activo en nuestras instituciones de educación superior. Si fuese cierto que sólo se pagará según la especie mencionada arriba, ¿no será esto una discriminación, una especie de apartheid laboral, contra los jubilados activos y no activos y los profesores por horas de clase? ¿Una discriminación como la ya conocida de la ONAPRE? Esperemos que sólo sea un rumor de mala fé, un fake new típico de nuestros tiempos, y que la Ministra, docente universitaria dedicada a temas loables como la cultura de la paz, pronto logre cancelar el bendito bono, y que ojalá deje de ser bono y se vuelva salario. Venida, como yo, de la onda espiritual post 68, estoy seguro de que no aceptará discriminaciones tan injustas. Un comunicado reciente del Ministerio echa la culpa de este asunto a las universidades públicas (¡todas!) por no haber entregado las nóminas. ¿Les habrán sido solicitadas oportunamente? Pues hay decenas de comunicados de estas instituciones informando que nada se les ha solicitado. Alguien miente, supongo.

¿El derecho a huelga no es acaso un derecho constitucional y por tanto legal? Porque la cuestión parece surgir a partir de la huelga. Por cierto, toda pretendida revolución se alza contra la ley en nombre de la legitimidad, cuando se hace con el poder e impone la nueva ley ya no suele hablar más de legitimidad y se vuelve legalista. Sin embargo, no viene al caso lo dicho, el derecho a huelga es legal y dadas las condiciones de nuestros trabajadores parece que harto legítimo. Las autoridades universitarias, como los Decanos, son también trabajadores y nos consta a muchos lo mucho que están sacrificando para sostener con vida estas instituciones imprescindibles para una sociedad que quiere construir con inteligencia su futuro. Más bien, desde hace ya un largo tiempo, y como a todos los trabajadores de este país, el Estado les debe más de una disculpa y una práctica política efectiva destinada a reparar los daños creados.

Habría decenas de preguntas más por formular. Pero deseo creer que la profesora Sanjuán no quiere una pax sanjuanesca ni la paz de los sepulcros, sino una auténtica paz. Y sé que la profesora Sanjuán, venida de ese mundo post 68 y académicamente bien formada, sabe con la más profunda sabiduría que no hay paz posible sin justicia social, y que no hay justicia social con discriminaciones. Por eso, sé que se pondrá en la tarea de contrarrestarlas, de empatizar afirmativamente con los trabajadores bajo su responsabilidad; sé que no será la vocera de un partido ni iniciará la consabida justificación de políticas injustas. Y si la Ministra se pone en esta tarea ojalá lo hagan todos sus compañeros de gabinete, para que así el gobierno se ponga de una vez por todas en su propio mandato de bajarle dos, pedir disculpas y comenzar el largo camino de resarcir tantos daños causados a la sociedad venezolana.

viernes, 15 de mayo de 2026

La libertad y el anarcocapitalismo

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El discurso de la derecha radical populista global recorre un eje cuyo uno de sus extremos es el neoconservadurismo religioso o nacionalista y el otro el anarcocapitalismo. Por ejemplificar, la italiana Meloni está próxima al primero mientras que Milei ha sido expresión del segundo. Este discurso, por supuesto, una vez que se alcanza el poder estatal se matiza en la práctica. La Meloni se desplaza hacia el centroderecha y a la motosierra de Milei hace tiempo que se le agotó el combustible. Nos interesa hoy cuestionar un aspecto del discurso anarcocapitalista, el atinente a su concepto de libertad. Como se sabe, antes de llegar a la Casa Rosada, Milei prometía descuartizar el Estado en nombre de la libertad. El Estado nos oprime, se mete en nuestras vidas, decía. Su amiga, Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, quien viene de realizar una gira por México para decirle a los mexicanos en persona que ellos existen gracias a España y que Hernán Cortés fue su civilizador, grita “libertad” todos los días contra el “comunista” de Pedro Sánchez y la opresión del Estado español que no la deja en paz. Por nuestras latitudes una dama de alcurnia, y muy amiga de los citados, lleva también años compartiendo el grito.


Los anarcocapitalistas no se detienen a decirnos qué entienden por libertad. Ellos vociferan libertad, hasta ahí. Quizás, puestos en la tesitura de tener que decir algo al respecto, señalen el juego de lenguaje de la tradición liberal moderna y digan que libertad es libertad de elegir lo que cada quien decida elegir, es decir, libre albedrío. Algo así como llegar a una cadena de venta de hamburguesas y elegir el combo 3 de las 6 opciones presentes en la carta respectiva. Empero, la libertad como libre arbitrio es un concepto bastante abstracto y estrecho. Para mostrarlo acudamos a un concepto de libertad más elaborado, el que expone Hegel en los parágrafos quinto y sexto de la Introducción de su “Filosofía del Derecho”.


Para Hegel, la libertad humana resulta de la síntesis de dos momentos de la voluntad humana, uno negativo y otro positivo. Nos dice que el primer momento corresponde a la libertad negativa. Esta ha de entenderse en el sentido de que la “(...) la voluntad (es) posibilidad de poder hacer abstracción de toda determinación, en la cual yo me encuentro o la cual he puesto en mí, la huida de todo contenido como de una limitación, lo cual es aquello a lo que la voluntad se determina, o es tomada la libertad para sí de la representación como la libertad, entonces esto constituye la libertad negativa o la libertad del entendimiento. Es la libertad del vacío, la cual erigida en figura real efectiva y en pasión y, precisamente, cuando permanece puramente teorética, se convierte en los religiosos del fanatismo de la pura contemplación india, pero cuando se dirige a la realidad efectiva, en lo político como en lo religioso, se convierte en el fanatismo de la destrucción de todo orden social existente y en la expulsión de los individuos sospechosos de querer un orden social, así como en la aniquilación de toda organización que quiera resurgir. Sólo destruyendo algo tiene esta voluntad negativa el sentimiento de su existencia.” (Uso la traducción de mi maestro Eduardo Vásquez, publicada por la Universidad Central de Venezuela). El hombre ejerce su libertad negativa cuando niega las determinaciones que recaen sobre él. Puede tener hambre y posponer el acto de saciar su apetito, puede desear y negarse a satisfacer sus deseos. Empero, se trata de un ejercicio abstracto en tanto que niega pero no pone nada, sólo quita. Lo interesante de este momento negativo de la libertad se entiende mejor con la palabra liberación. La libertad negativa en cuanto que liberación supone la acción de quitarse de encima los límites que reconocemos como incómodos. Liberarse es siempre liberarse de algo. La libertad comienza, entonces, como liberación. Hegel la asocia con el entendimiento porque cualquier liberación comienza por el reconocimiento de aquello de lo que queremos liberarnos porque nos limita. El primer momento de la libertad, el momento negativo, está en relación con unos límites que deseamos superar porque ya los hemos hecho conscientes en tanto que límites. La libertad se inicia entonces en la conciencia y como anhelo de liberación. Mientras más formación educativa mayor será el reconocimiento de lo que nos limita y de lo que podemos superar.


Pero Hegel no se queda allí. La libertad que se queda en liberación es vacía, sólo suprime, destruye, únicamente negaría indefinidamente hasta llegar quizás al nirvana budista. Mas, para el occidental y moderno Hegel el nirvana no resulta opción conveniente y, por consiguiente, propone un segundo momento: la libertad positiva. Nos dice que ésta es “(...) tránsito desde la indeterminidad indiferenciada hacia la diferenciación, el determinar y poner una determinidad como contenido y como objeto.” La libertad positiva en cuanto que negatividad de la libertad negativa supera aquella indeterminación del primer momento poniendo algo (una determinación) en su lugar. De nuevo con Hegel: “Yo no solamente quiero, sino que quiero algo. Una voluntad que (...) sólo quiere lo universal abstracto, nada quiere, y por eso no es voluntad, para ser voluntad, tiene que limitarse en general. Que la voluntad quiera algo, es la limitación, la negación.” Y esta negación lo es en un doble sentido. Por un lado, como ya se dijo, lo es en tanto que negación de la libertad negativa. La negación de la negación de la dialéctica marxista viene de esta fuente, de Hegel. Se trata de negar la negación puesto que pone algo, siendo también negación por cuanto niega la posibilidad de poner otra cosa en lugar de ese algo. Por ello, la libertad humana siempre será relativa pues niega con relación a algo y afirma con relación a algo, a algo que pone. Aquí el adjetivo “positivo” de “libertad positiva” viene de los orígenes de esa palabra: positivo en el sentido de posición, de posicionar, de poner algo.


La voluntad libre de esta manera será síntesis de dos momentos, uno negativo y otro positivo, de un quitarse límites y ponerse nuevos límites. Libertad relativa por cuanto el hombre es un ser finito, limitado. Pongamos un ejemplo. Tengo hambre. Mi libertad negativa se ejerce negándome a comer en este momento porque debo cumplir el deber de concluir con mi artículo. Pospongo el alimentarme ahora. Después terminaré de escribir y comeré. Pero no comeré cualquier cosa, lo primero que se me atraviese, sino que pondré algo, esto es, pondré el tipo de alimento que he de comer dentro de las posibilidades que se me ofrecen. Ahora bien, esas posibilidades no son ilimitadas sino unas determinadas. La libertad humana es relativa pues siempre está en relación con una serie de determinaciones y condiciones. Carezco de alas para salir volando por los hermosos cielos en este momento al igual que mi limitada programación genética me determina a que un día muera, por lo menos hasta nuevas noticias de la biotecnología. Del mismo modo vivo en una época histórica, en un marco sociocultural específico, bajo unas condiciones políticas propias de ese marco, condiciones que me limitan en mi capacidad de acción y me habilitan también para determinadas conductas. Todos esos contextos biológicos, sociales, culturales, políticos y también económicos condicionan mi libertad, la generan y la limitan. Por eso, soy libre pero no tengo libertad absoluta. La libertad cual toma y daca de negar y poner constituye una dialéctica de la acción humana.


Así, Hegel entiende el libre arbitrio, tan caro a los anarcocapitalistas y liberales económicos, como el mero escoger entre lo que se me ofrece, como el combo 3 en una carta de seis combos, como un grado muy pobre de libertad, como un restringirse a lo ofrecido y dentro de los límites socioeconómicos, políticos y culturales en que cada quien se encuentre. Y como sabemos, nuestro espacio social no es uniforme, está jerarquizado en unos grupos privilegiados y otros excluidos en diferentes grados de los capitales económico, político, educativo, etc. De modo que el libre arbitrio, ya de por sí libertad restringida del consumidor, será más restringido aún para la inmensa mayoría de no privilegiados. Por ejemplo, quien tiene un problema grave de salud y es privilegiado tiene un libre arbitrio más amplio para atender su problema que el excluido por los capitales mencionados. En otras palabras, unos son más libres que otros. Para procurar corregir estos desniveles sociológicos se precisa de un Estado sólido, dedicado a generar las condiciones socioculturales y socioeconómicas para que por medio de la educación, la salud y la seguridad de sus ciudadanos, se fomenten las libertades humanas al máximo posible, para que cada quien no solo escoja sino construya su vida mediante su acción creativa. Y para que tal Estado exista, algo que disgusta al anarcocapitalista, se requiere de una sociedad orgánica en tanto que organizada en gremios, sindicatos, grupos ecológicos, feministas, LGTBIQ+, partidos políticos y distintas agrupaciones civiles conforme a los diversos intereses de los ciudadanos. Por eso, es deber social y estatal impulsar la creación de estas organizaciones. El individuo solo, peleando por sus derechos, sin sociedad civil y Estado fuertes, es preso de las fuerzas económicas dominantes del mercado. El individuo sin soporte organizativo lleva todas las de perder, su existencia sólo puede ser, para decirlo con Marx, una robinsonada. La libertad no es ajena al Estado y a la sociedad civil, de eso nos habla Hegel, de eso no quiere hablar el anarcocapitalista y el liberal radicalizado de la extrema derecha mundial.