viernes, 1 de mayo de 2026

¡Elecciones ya!

 



Por: Javier B. Seoane C. | Viernes, 01/05/2026 06:30 AM | 


¿Se puede caminar y mascar chicle al mismo tiempo? De seguro las mujeres lo hacen mejor que nosotros los varones, mas, no se trata de una tarea muy difícil. Que estamos en una transición ordenada, pues bien. Que esa transición pasa por estabilizar el país, pues bien. Que esa estabilidad ha de ser en un primer momento económica, pues bien también. Empero, el plato fuerte de la transición ordenada es el tránsito a un régimen político de democracia institucionalizada. ¿Cuál democracia? Pues la que dicta la Constitución, y punto. ¿Y qué impide que a la par que se va estabilizando la economía se hagan elecciones en muchos espacios institucionales del país? ¿Por qué no se han de realizar elecciones en sindicatos, gremios, en la CTV, en los partidos políticos?

¿Qué o quién impide las elecciones en las universidades públicas (salvo el caso de la UCV)? ¿Qué tan peligrosas pueden ser las elecciones en la LUZ, la ULA, la UC, la UDO, la USB para la estabilidad económica del país? ¿Será que aumentará la inflación y la carestía de la vida si las comunidades universitarias eligen a sus autoridades? ¿Queremos transitar a una democracia robusta, participativa y protagónica? Pues si lo queremos, ¿por qué impedir elecciones en estas instituciones que en nada afectarán el devenir económico de la nación? ¿Elecciones que tampoco dependen de la chatarra del CNE? Estimada Ministra de Educación Superior, usted que ha dedicado tantos años a los estudios sobre la paz y que se presenta como persona progresista, impulse las elecciones en las universidades públicas, haga que su gestión fortalezca la paz fortaleciendo la democracia.

Si queremos paz deberemos tener democracia. Pues a la democracia la humanidad ha llegado en busca de la paz, por reconocimiento de nuestras diferencias, de nuestra diversidad de identidades, por reconocimiento de que en este mundo si alguien quiere imponer a los demás su verdad entramos en un estado bélico cuando menos latente. Pues la gente suele arrecharse cuando la pisotean, y una forma de pisotear es imponer desde un poder los deseos de quienes ostentan el poder. La democracia exige consensos, acuerdos, exige, sobre todo, respetar los disensos y aceptar la alternabilidad. Si negamos la democracia, apreciada Ministra, negamos la paz. Las universidades públicas, estimada Ministra, llevan años exigiendo se respete la democracia interna de las mismas. Todas lo exigen, sean más o menos bolivarianas. Recientemente profesores y estudiantes de la Simón Bolívar han vuelto a demandar este derecho, y con mucha gallardía. Y menciono a la Bolívar porque le guardo gran aprecio, soy un egresado suyo, fuí muchos años profesor allí, aprendí demasiado. Me duele ver su casi demolición física y académica. Pero insisto, todas las universidades públicas han exigido elecciones una y otra vez.

Por supuesto, la democracia universitaria no se reduce a elecciones, antes, como alguna vez me enseñó el profesor Hugo Pérez Hernáiz, la democracia universitaria más sustantiva empieza por dar al estudiante posibilidades para construir su propio perfil profesional y cultivar la formación de su carácter (Bildung) mediante estructuras curriculares flexibles. Ahora bien, sin elecciones de sus autoridades por parte de la comunidad tampoco habrá democracia. Esto vale para todas las demás instituciones, las elecciones son sólo una parte de la democracia, pero sin las mismas, estructuradas en forma competitiva, transparente y plural, no hay democracia.

Es un mal síntoma que no empiece ya un cronograma electoral para instituciones como universidades, gremios, sindicatos, partidos y demás espacios sociales que en nada afectan la economía nacional. Debemos exigirlas, como se ha venido haciendo, debemos pugnar por realizarlas, y el gobierno debe abrir el compás para que se hagan y para mostrar que, efectivamente, se ha aprendido de errores pasados, se le quiere bajar dos a la confrontación y se plantea fortalecer la participación democrática en Venezuela. Empecemos por allí y transitemos entonces, gradualmente, a las elecciones de los poderes del Estado. Digo, si queremos que la estabilidad económica no se destruya por la inestabilidad política, o, para decirlo en otros términos, si queremos la paz.