En un encuentro empresarial del sector de hidrocarburos la Presidenta de la República anunció días atrás la creación de un consejo académico para que acompañe a este sector y se impulse la producción nacional. Este consejo asesor integra universidades públicas y privadas, es decir, va dirigido a todo el sistema universitario del país. Encontramos aquí otro indicador de cambio positivo que se suma a algunos otros orientados a garantizar las libertades ciudadanas. Ciertamente son indicadores y falta mucho por hacer. Circunscribiéndonos al tema universitario estamos ante un cambio de actitud del gobierno en esta materia. Por el bien de todo el país, universidad y gobierno no deben verse mutuamente como amenaza, ambos se necesitan y la nación los necesita en una relación armónica y productiva. De modo que en buenahora el anuncio presidencial y nuestros mayores deseos para que se concrete a la mayor brevedad posible. No obstante, la cosa si bien necesaria resulta insuficiente.
Un consejo académico reducido al sector económico de los hidrocarburos olvida que las universidades tienen demasiado que aportar en todos los demás ámbitos de la sociedad venezolana, sean económicos, políticos o culturales. Se entiende la importancia de los hidrocarburos, pero también hay que alertar que concentrar los mayores esfuerzos estatales en este sector no ayuda a volver realidad la vieja consigna de sembrar el petróleo, exigencia para superar nuestro carácter básicamente monoproductor y romper con el estrecho concepto de petroestado. En este sentido, invitamos a la Presidenta a que eleve su propuesta a un consejo académico para el Estado venezolano, para las múltiples tareas que conciernen al Estado y que nuestras universidades estudian e investigan permanentemente. Presidenta, piense como estadista, no sólo como un gobierno en tránsito, a usted talento no le falta. Ponga los primeros cimientos para otra relación y práctica con las universidades. Presidenta, vaya más allá, evalúe la posibilidad de finalmente constituir el Colegio de Venezuela.
Ya otros países se nos han adelantado en la fundación de su Colegio, lo cual es una ventaja en tanto y en cuanto que hay experiencias para evaluar y modelos para implementar. En latinoamérica cabe destacar el Colegio de México (Colmex). Su origen se remonta a la Casa de España en 1938, organizada por refugiados republicanos españoles con una destacada carrera académica o reconocidas preocupaciones intelectuales. Con el apoyo decidido del Presidente Lázaro Cárdenas se constituyó dicha casa en el actual Colegio, operativo desde octubre de 1940 reúne los más insignes investigadores y docentes con un énfasis en el campo de las ciencias humanas y sociales. El Colegio de México desarrolla actividades educativas de pregrado y postgrado del más alto nivel, gratuitas para mexicanos, siendo sus estudios reconocidos a nivel mundial y demandados desde distintas latitudes. Además, por excelencia es un consejo académico que ha reunido en no pocas ocasiones los mandatarios mexicanos para buscar asesoría y evaluar políticas públicas. Dispone de cursos en línea sobre distintas materias libres dirigidos a toda persona independientemente del grado educativo que posea. Es el Colegio de México una institución modélica cuando pensamos en reunir la sabiduría y experticia de un país.
A su vez, tuvo el Colegio de México un modelo reconocido planetariamente, el Collège de France. Fundado por Francisco I hacia 1530 con el propósito de formar no solo en las materias tradicionales de la enseñanza universitaria sino en otras que estas descuidan o no valoran suficientemente, su lema es “enseñarlo todo”. Por lo expuesto, no sólo reúne lo mejor de Francia en ciencias humanas y sociales sino en toda ciencia. Sus clases, conferencias y charlas son abiertas al público, gratuitas. Cada año sus miembros, que han tenido el máximo honor de ser incorporados al Colegio, tienen la obligación de ofrecer un seminario no repetido antes, de interés general y dirigido gratuitamente a todo público, Lévi-Strauss, Foucault e innumerables eminencias a lo largo de estos casi quinientos años han cumplido esta obligación con la sociedad francesa. No entrega ni títulos ni certificados de asistencia, el propósito es inscribirse para aprender y dialogar, no para obtener rangos académicos. Puede notarse su vocación democrática. Más allá de ello, el Collège ha sido tradicionalmente un consejo académico que escuchan los presidentes para las más importantes decisiones.
Hay, pues, modelos suficientes. Ya hemos mencionado dos. Hay también la necesidad en Venezuela, donde hasta carecemos de un sistema universitario nacional armónico. Estudiar una carrera en una universidad “X” y pasar a estudiar la misma carrera en la universidad “Y” implica en Venezuela realizar equivalencias y muchas veces empezar de nuevo pues no hay congruencia entre los planes de estudio, caso que ejemplifica la carencia de ese sistema nacional universitario. Adicionalmente, en lo que va de siglo se han creado casi que caprichosamente múltiples universidades bastante anacrónicas por ser especializadas en tiempos de complejidad, inter y transdisciplinariedad. Algunas de estas universidades ya ni existen o son sólo instituciones de papel. Ello ha incrementado el presupuesto universitario nacional y ha empobrecido a todos los centros de educación superior. Hoy se requiere una nueva legislación universitaria que se adecue a los nuevos tiempos y a las urgencias del país, se requiere sobre todo racionalizar el sistema universitario e integrar en las universidades más importantes del país las desvencijadas instituciones decretadas semana a semana durante mucho tiempo. Requerimos menos universidades pero más fuertes, con más músculo investigador y formador, que reúnan en su seno la rigurosidad rizomática de la sociedad del conocimiento. Con esta racionalización aumentará la calidad, los aportes educativos al país y habrá una viabilidad presupuestaria. De allí, de lo mejor del sector podrá surgir sin mayores costes el Colegio de Venezuela y el Estado venezolano dispondrá entonces de un Consejo Académico de altura y para todas las materias y, sobretodo, nuestras mujeres y hombres podrán formarse libre y gratuitamente en sus cursos. Definitivamente se trata de un ganar-ganar. Empero, lo primero es la voluntad del gobierno, su querer elevarse a Estado cimentando el futuro en el presente. Presidenta, para mañana es tarde.
Publicado originalmente en el portal Aporrea: Artículo