jueves, 16 de julio de 2026

¿Estado sin saberes?

 


Por: Javier B. Seoane C. | Jueves, 16/07/2026 11:48 PM |


¿Qué pasó con el informe que produjo aquella comisión encabezada por el Ingeniero Genatios tras el deslave de Vargas en 1999? ¿Se aplicó? ¿Se hizo caso omiso de la misma? Al poco tiempo todo aquello se encomendó a funcionarios militares y políticos leales al gobierno. Pasados los trágicos terremotos del 24 de junio, habrá que investigar oportunamente lo que ocurrió en cada zona, lo que ocurrió en cada edificio, lo que ocurrió con cada permiso y con cada supervisión, si es que las hubo oportunamente. Más allá de estas investigaciones, afirmamos que hay un divorcio histórico entre el Estado, siempre capturado por un gobierno, y los saberes y conocimientos que han producido y produce nuestra sociedad por medio de sus distintos entes institucionales y organizaciones civiles.

No han faltado reconocimientos de los especialistas internacionales que hoy nos visitan a nuestros investigadores y profesionales. Alguno hasta se ha llegado a preguntar qué podría aportar si ya disponemos socialmente de los mejores y más actualizados conocimientos y saberes para emprender la larga tarea de reconstrucción de nuestras vidas. Y, sin embargo, el divorcio entre el Estado venezolano y las instituciones educativas y de investigación científica viene de larga data, agudizándose en el último cuarto de siglo en el que los méritos han sido despreciados con todo tipo de aspavientos. Si bien Universidad pública y Estado han permanecido muchas veces en las antípodas, en los últimos tiempos el estrangulamiento de los centros de investigación y la educación superior autónomos se ha elevado como nunca antes. Hubo un tiempo en que un Estado que comenzaba a andar el camino de su modernización se asoció con los saberes, acompañado por figuras como Arnoldo Gabaldón (1909-1990) se transformó la realidad sanitaria del país aumentando las expectativas de vida de su población a más del doble de años en muy poco tiempo, o con educadores de primera se hizo toda una revolución que elevó la calidad de la educación básica pública muy por encima de los estándares que ofrecían las instituciones privadas. Por aquellos años llovieron loas y aplausos de todas las latitudes a lo que Venezuela había realizado en pocas décadas. Empero, hoy la realidad es otra. En materia económica ya sabemos el desastre. Los responsables del gobierno siguieron tozudamente consejos de "consultores" buscados en Cataluña, Cuba, Ecuador y otras partes distantes de Venezuela, más que consultores fueron ideólogos obcecados, para nada especialistas en materia económica. En materia educativa han sobrado experimentos para ver cómo salen, siempre de espaldas a los sujetos de la educación, los docentes. Se han creado universidades de maletín por doquier, hoy se replica el modelo de la Simón Bolívar por los Altos de Pipe, pero al original le han caído a palazos como si fuera piñata y de la copia poco cabe esperar. En materia sismológica parece que lo que una vez estuvo muy bien articulado y con profesionales de altura, hoy se encuentra en desarticulado silencio y hasta las malas lenguas cuentan que ha desaparecido parte valiosa de su capital tecnológico. No sigamos explorando las instituciones estatales, la inoperancia ante las emergencias habla por sí misma.

La universidad y las instituciones deben repensarse, el Estado también. Hace cuarenta años se creó una Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (COPRE). En su seno se dió una interesante asociación entre universidades, sociedad civil y políticos de las más diversas tendencias. Se produjo abundante investigación que se publicó en más de una decena de tomos abarcando los diferentes sectores de la vida nacional. Poco se aplicó, los intereses partidistas se impusieron y las reformas se abortaron. Hoy urge reeditar una COPRE para el país. Si el Estado no lo hace, pues quizás debamos emprender la tarea desde la sociedad civil, tal como ocurrió en la terrible madrugada del 25 de junio cuando ante la ausencia de apoyo estatal los vecinos salieron con sus manos a salvar a sus vecinos. Hace falta crear un Colegio de Venezuela, que emule al de México, al de Francia, un órgano que reúna lo mejor de nuestros investigadores en todas las áreas con la obligación de formar al público venezolano en las mismas. Si el Estado actual no lo hace, pues ¿por qué no emprender tan valiosa empresa desde las universidades mismas? Probablemente la Universidad Central pueda encabezarla en conjunto con sus otras hermanas. En fin, no esperemos más, empujemos nosotros desde las más distintas localizaciones lo que el pesado Estado no puede hacer, la aplicación de la inteligencia social a la reconstrucción nacional. Si nos ponemos en la tarea, de seguro los gobiernos y las oposiciones, cuyas agendas parecen ocupadas por otros menesteres, así como más interesadas en falsas lealtades que en críticas, nos sigan. Para mañana es tarde.

viernes, 10 de julio de 2026

Trasnocho perezjimenista

 

Por: Javier B. Seoane C. | Viernes, 10/07/2026 12:20 PM |


En los últimos días asistimos a la búsqueda de réditos políticos de la tragedia que nos ha tocado. De seguro, para muchos resulta moralmente repugnante tal falta de empatía, pero la crítica no ha de quedarse en esta dimensión, ha de avanzar a un análisis que procure develar intereses que se esconden tras los usos ideológicos. En la Venezuela actual parece que hay más de un gobierno en el inoperante Estado que desde ya hace varias décadas nos aprisiona bajo sus escombros institucionales. Del mismo modo, hay varias oposiciones, desde unas muy camaleónicas que justifican casi cualquier cosa de Miraflores a cambio de embajadas y cosas por el estilo, hasta otras que apuestan por salidas tiránicas protofascistas. Entre estas últimas se encuentra un grupo que busca reivindicar en cualquier intersticio que se le presente un pasado glorioso de cachuchas, particularmente exaltar el período de la dictadura de Pérez Jiménez. Relatando ese presunto pasado glorioso presenta la imagen de su país deseable, uno que sea "puesto en cintura" por algún general debidamente armado.

Basta explorar un poco las llamadas redes sociales para toparse con mensajes que exaltan las obras producto de la política del cemento de la dictadura pérezjimenista. Suelen repetir lo mismo: ante los dos terremotos del 24 de junio las obras de aquella época se mantienen en pie. Al parecer todo lo anterior o lo posterior se vino abajo o no sirve para mayor cosa. Incluso algunos llegan a la desfachatez de hacer uso de la inteligencia artificial para generar portadas de periódicos donde el flamante régimen alertaba que no se podía construir mayores edificaciones en La Guaira pues los suelos no las soportarían. Así, por ejemplo, una publicación de una cuenta con muchos seguidores (https://www.instagram.com/p/Dal8doSkRnZ/?igsh=MWp6cW02ODd1MjZlMw%3D%3D) publica la imagen de una portada de "El Diario de Caracas", de fecha sábado 3 de diciembre de 1957, en la que el titular a todo lo ancho afirma: "URBANIZACIÓN 2 DE DICIEMBRE SE EDIFICARÁ EN EL OESTE DE CARACAS DEBIDO A QUE ESTUDIOS GEOLÓGICOS ARROJAN QUE LA GUAIRA NO ES SUELO ESTABLE". Debajo del titular, en el centro, una gran foto del General junto a algunos de sus funcionarios. Sin duda, un uso bastante bruto de artificiosa inteligencia. ¿El Diario de Caracas en 1957? Creo que Marcel Granier apenas tenía 17 años. ¿Se construyó entonces el "2 de diciembre", actual 23 de enero, en apenas mes y medio? Pues el 23 de enero de 1958 ya el General estaba en vuelo expulsado de Venezuela. Hasta el día de la semana se olvidó de averiguar el inteligente, pues aquel 3 de diciembre fue martes, no sábado. Empero, la intencionalidad de tal desatino histórico está clara. No se trata de una broma, de un chiste, de una ironía, sino de la pretensión de reivindicar el período de la dictadura. En ese esfuerzo denodado no resultará extraño que pronto se exalte la Avenida Victoria, la Cota Mil, las Torres de Parque Central o los distribuidores de las autopistas también como obra del esclarecido general.

¿Se tratará de una campaña caza bobos? ¿De una muestra de profunda ignorancia histórica de parte de aquello que nos ha traído hasta hoy? ¿O acaso algo peor? Seguramente todas las respuestas a estas interrogantes pueden ser afirmativas. Además de politizar burdamente una tragedia, se olvida que aquel período estuvo marcado por corruptelas en esas obras vía cobro de comisiones, muchas de ellas faraónicamente inútiles como el Hotel Humboldt. Se olvida que fue un período caracterizado por violaciones de los derechos humanos, por represión y torturas, por cárceles como Guasina. Se olvida que aquel régimen negó la voluntad popular expresada en noviembre de 1952 robándose las elecciones nacionales que dieron la presidencia a Jóvito Villalba, como años más tarde cínicamente confesaría en sus memorias publicadas su ministro del interior y asesor intelectual Laureano Vallenilla hijo. Se olvida que se benefició ilícitamente un grupo de enchufados como se llaman ahora, o una camarilla en el uso del lenguaje de aquella época. No obstante, estos olvidos son dignos de psicoanálisis pues son muy voluntarios, es lo que se calla. Hay otro olvido probablemente más involuntario: el anhelo de una autoridad tiránica en la que cobijarse para beneficiarse, el anhelo histórico de un caudillo, un anhelo de lo que nos ha traído al presente, el anhelo que está tan arraigado en nuestra izquierda militarista, castrista y galáctica, como en nuestra derecha protofascista. Al final del día ambas se desean histéricamente, se aman negándose.

La publicación mencionada no es un hecho aislado. Hay desde hace años una campaña pro dictadura pérezjimenista tras la que se encuentran determinadas élites que cuentan con periodistas, intelectuales, políticos, militares, empresarios y demás epígonos de aquel período. Forma parte del ejercicio reflexivo y formativo de la opinión pública develarla en sus miserias humanas.

viernes, 3 de julio de 2026

Responsabilidad política y reconstrucción





Por: Javier B. Seoane C. | Viernes, 03/07/2026 05:46 AM | 


La canallada se hace presente para obtener réditos económicos y políticos de la tragedia que padecemos. Como las dignas mujeres que denunciaron y rompieron los dólares robados a los policías del CICPC; como los miles de rescatistas internacionales que hoy dejan sus mayores esfuerzos salvando vidas en cada montón de escombros de nuestra geografía, especialmente en la tan golpeada de La Guaira; como, y sobretodo, los vecinos que de cada rincón salieron desde el primer minuto a salvar al prójimo conocido o desconocido, sin herramientas pero con sobrado espíritu solidario; como los dos ángeles vestidos de mototaxistas que en la misma madrugada del día 25 a puño limpio desenterraron a una entrañable compañera de uno de los tantos edificios hecho escombros en Playa Grande; como toda esa gente maravillosa que está dejando cuerpo y alma buscando vida para que siga siendo vida, hoy hay que mantener ese sentimiento humano, procurar superar tanto obstáculo con el mayor de los acompañamientos y apuntar a la construcción de un nuevo futuro para el país.

Que la amargura y rabia que despierta la canallada no nos obnubile de lo más importante, el por-construir de nuestro país. Habrá tiempo para buscar las responsabilidades políticas, que seguro que las hay y en abundancia. Las tendrán aquellos que hace más de cuarenta años mantuvieron sus privilegios sin hacer los cambios necesarios ante un país que había multiplicado su población y cuyas bases económicas echadas a partir de la muerte de Gómez ya no daban abasto para las nuevas necesidades. Las tendrán quienes reemplazaron aquella incompetente clase política con nuevas incompetencias, quienes prefirieron el conflicto permanente, quienes no escucharon voces críticas y razonables, quienes prefirieron una moralina pacata de la lealtad, más a una persona que a una causa, aquellos que en lugar de una ética de la responsabilidad prefirieron seguir e imponer a los demás sus convicciones. Moral falsa de la lealtad que dio poder a quienes gritando consignas vacías se colaron entre los intersticios institucionales para saquear los bienes nacionales y dejar en la miseria a este pueblo que hoy se ha desvivido por ayudar al prójimo. Fue muy fácil decir que en determinado lugar olía a azufre, aprovechar miles de millardos de renta petrolera del pueblo para comprar alianzas en la política internacional o comprar a los adversarios con corrupción, como ya confesó en conocida entrevista un ex-vicepresidente. Las tendrán quienes han gobernado y, por ejemplo, en las últimas décadas entregaron permisos de construcción a edificaciones impropias para el lugar, o simplemente no supervisaron adecuadamente las mismas. Serán corresponsables de la hecatombe humana que estamos sufriendo. Las tendrán quienes desde la oposición practicaron el aventurerismo y mandaron a masacrar adolescentes a mano de unas fuerzas militares y policiales que habrán de ser revisadas y repensadas en su totalidad, y lo hicieron no una sino dos veces. Aquellos que después se aventuraron con intentonas de cambur y aguacate, los mismos que promovieron abstenciones para facilitar el trabajo de quienes buscaron mantenerse en el poder a como diese lugar. Hay demasiada responsabilidad ante lo que hemos sufrido. La naturaleza golpeó duro, muy duro, pero el infantilismo político-ideológico, el saqueo del tesoro nacional por hipócritas encubiertos bajo mantos socialistas revolucionarios, el aventurerismo de los que estaban del otro lado de la acera y la indolencia de gobiernos extranjeros que bloquearon al país por doquiera golpearon como un tercer y definitivo sismo. Bomberos sin recursos, hospitales cerrados o hasta sin algodones, fuerzas armadas poco preparadas, impericia y falta de previsión, dejaron durante las primeras horas en la mayor soledad a nuestra gente.

Habrá que hacer las investigaciones de cómo se manejó el gobierno en estos años en todo tipo de materia institucional, de cómo actuó la dirigencia opositora, de qué pasó con cada edificio, con cada vivienda, con cada ser humano que ya no está con nosotros. Hay que hacerlas, y ya no será creíble que las haga un gobierno, este o uno nuevo. Tendrán que ser investigaciones con un riguroso carácter científico, lo que significa investigaciones realizadas entre comunidades lo más amplias posibles, comunidades en las que concurran expertos y no expertos. Y habrá desde el primer momento quienes declaren estar a favor de las investigaciones mientras tras bastidores tratarán de bloquearlas por doquiera. ¿Lo lograrán?

De cara al futuro tendremos que hacer cosas muy diferentes y con la mayor responsabilidad política. Y hablo de política en el sentido más amplio, en el sentido de “polis”, de comunidad, de sociedad. Allí estarán los partidos quienes tendrán, como han tenido ante lo ocurrido, su responsabilidad partidista. Pero tendremos que estar todos como sociedad civil, vigilantes y participando, exigiendo transparencia en lo que se investigue, exigiendo la publicación en forma universal de nuestros ingresos, de los gastos, de a quienes se le entregan los contratos y bajo qué criterios. Exigiendo una hacienda pública que dotada de la tecnología informática de nuestro tiempo sea tan transparente como pueda efectivamente serlo. Exigiendo otro modelo educativo que construya actitudes ciudadanas, sin el cual cualquier discurso democrático es solo palabra vacía. El ciudadano debe saber cómo están dotados sus bomberos, sus hospitales, sus escuelas, en qué se invierte el futuro de la nación, cuál es el presupuesto de la nación y cómo se invierte. Y lo que no ayude en esto ya sabemos de qué lado está y qué pretende.

No quiero que llegue otro iluminado o iluminada a decirme qué es la verdad y cuál es el camino de la historia a seguir. Quiero a todo aquel que contribuya a construir comunidades organizadas, a todo aquel que ponga ladrillos en la elaboración de una sociedad civil que tenga bajo su control el Estado, no el inútil macrocefálico que ahora nos aprisiona como el concreto lo hace con miles de nuestros hermanos y hermanas, sino un Estado al servicio de la gente, de su salud, de su educación y de su protección, que le dé la mayor autonomía posible a las comunidades, que las empodere económica, social y políticamente. Entre tanto dolor, demasiado dolor, cual Ave Fénix, deberá renacer Venezuela.

viernes, 19 de junio de 2026

¿Democracia sin educación?

 

Por: Javier B. Seoane C. | Viernes, 19/06/2026 05:33 AM |


¿Será disfuncional la Escuela venezolana en materia de formación ciudadana? De seguro el problema de la educación para la democracia no consiste sólo en la buena voluntad política de emprender reformas educativas, sino que antes se precisa conquistar la voluntad de los actores de la educación, especialmente la voluntad de los educadores. Mas, para conquistar esa voluntad se requiere persuadirlos y convencerlos de que hay una serie de obstáculos que enfrentar, muchos de ellos invisibles, unos que dependen más de la institución escolar, otros que encuentran su lugar fuera de la escuela. En cuanto a los primeros, se necesita vencer una cultura autoritaria y magistrocéntrica, cultura que aún persiste entre maestros y profesores, con una dimensión actitudinal y otra cognitiva. Actitudinal, en tanto se refleja en las formas autoritarias de proceder frente a los alumnos. Cognitiva, pues modificar estas actitudes supone alcanzar un conocimiento efectivo del carácter práctico de la educación para la democracia. De los obstáculos externos a la Escuela, que hallamos en la familia, en los medios de comunicación social, en las redes sociales y en los diversos entes de la comunidad, no vamos a hablar aquí en esta oportunidad.

Hoy nos preguntamos: ¿qué se ha hecho en los últimos años en materia de la educación ciudadana? Estimamos que por un lado se ha hecho mucho, pero por otro muy poco. Mucho, pues se ha ganado una conciencia en la sociedad que antes no había. Los avatares de la democracia en estos tiempos, la fractura social y política, la emergencia de nuevas formas autoritarias en el país y a nivel mundial, ha hecho que partes importantes de nuestra sociedad se movilicen y comprendan que no hay sistema democrático sin apoyo de un ethos ciudadano, tolerante y solidario. Cada vez más comprenden que este ethos no se constituye por generación espontánea sino por medio de la socialización y la educación metódica. En este sentido, en las distintas universidades del país se han llevado a cabo eventos de distinta naturaleza sobre estos tópicos, si bien los mismos no se han materializado todavía en cambios curriculares sustantivos.

Mas, por otro lado, se ha hecho muy poco y hasta quizás se pueda afirmar que hemos retrocedido. En términos de políticas educativas estatales se ha procurado, ciertamente, rescatar una reflexión tanto social como sobre la historia nacional en el salón de clases. No obstante, no ha contado con la legitimidad de la sociedad venezolana cuando una parte importante de ésta ha cuestionado los cambios por ser de naturaleza ideológica progubernamental. En el campo propio de la educación ciudadana poco más se ha hecho, a pesar de que en la letra de nuestra Constitución siempre ha estado presente la necesidad de hacer participativa la democracia venezolana, de concienciar a la población sobre el papel de los medios de comunicación social y de extender la educación a todos los sectores de la sociedad. El problema de la educación para la democracia es cuantitativo en el sentido de esta extensión, pues se fracasará en el intento democratizador si no se forma a la población. Empero, se trata también de un problema especialmente cualitativo en cuanto que se trata de constituir un ethos, una personalidad moral. Con relación a este último aspecto, seguimos teniendo una escuela bastante bancaria (Freire), en la que poco se convoca a los estudiantes a ejercer papeles activos conducentes al protagonismo deliberativo.

Venezuela está por hacerse y quienes nos sentimos llamados a consolidar la democracia en el país debemos no desfallecer y seguir en el camino de ofrecer opciones a partir de diagnósticos bien elaborados. Además, hay un sendero andado por nuestras instituciones. Hay una tradición históricamente ganada hacia la lógica electoral, algo que hay que impulsar a pesar del influjo mundial que apunta cada vez más en clave cínicamente autoritaria y desinstitucionalizadora de los regímenes democráticos existentes ya de por sí precarios desde su origen. Nuestra misión consiste en abrir brechas que conduzcan hacia una Venezuela próspera, humana y democrática que creo anhelamos la mayoría. El principio esperanza (E. Bloch) nos da aliento para actuar en conjunto, en equipo, ganando capital social para el logro de estos anhelos.

Llevamos años procurando llamar la atención de que no hay democracia sin educación democrática. Desde 1995, mucho antes de la llegado del chavismo a Miraflores, hasta la actualidad tenemos decenas de publicaciones sobre el tema. No desfallecer es la consigna. Seguiremos tratando temas afines a la educación para la democracia como son, entre otros, la relación entre familia y escuela; medios de comunicación social, redes sociales, inteligencia artificial y ciudadanos informados; el mundo social del aula; la contribución de las distintas materias a la formación ciudadana; la formación de capital social, educación y democracia. Nuestro futuro exige poner la educación en primer plano.

jueves, 11 de junio de 2026

Salvemos a la Simón Bolívar

 


Por: Javier B. Seoane C. | Jueves, 11/06/2026 10:13 PM | 


El concepto con el cual se fundó y desplegó durante varias décadas la Universidad Simón Bolívar resultó innovador y exitoso. Tanto así, que hoy hay quienes quieren retomar con una "nueva" Universidad muchas aristas de ese concepto, si bien con la gravedad de que se lleva ya varios años demoliendo el original. La destrucción de la infraestructura física de la Simón bien vale de claro reflejo de su destrucción también espiritual, académica. Que hasta un caimán haya crecido y sobreviva en la piscina olímpica de Sartenejas habla de un regreso del espíritu a la naturaleza salvaje. La comunidad universitaria de la Simón lleva tiempo clamando auxilio y el país, si se quiere un país con futuro, debe atender este llamado. En lo personal, como beneficiado del muy buen sistema de educación pública venezolano de la segunda parte de nuestro siglo XX, como egresado del Liceo Gustavo Herrera (del que debo escribir pronto), de la Universidad Central de Venezuela y de la propia Universidad Simón Bolívar, elevo mi voz para sumarme al reclamo para salvar tan magnífica institución.

Desde el último quinquenio de la década de los sesenta se constituyó una Comisión para llevar a cabo el proyecto de una universidad científico-tecnológica de excelencia. En esa Comisión hubo un grupo de reconocidos filósofos del país como Alberto Rosales, Eduardo Vásquez y el que sería su Rector-fundador Ernesto Mayz Vallenilla. La presencia de estos pensadores tenía una buena razón de ser. Y es que desde el comienzo se consideró que la educación en general, y particularmente la educación universitaria, no ha de separar las ciencias y tecnologías de las humanidades, pues de tal escisión sólo puede resultar una peligrosa perversión epistemológica. Por ello, la Simón nació ligada a la reflexión humanística. Su Departamento de Filosofía abrió las puertas el primer día y junto con otros ligados a la literatura, la psicología y las ciencias humanas y sociales, dotó de una formación reflexiva a sus egresados en ciencias básicas y tecnológicas Cada estudiante de pregrado, no importa de qué carrera, tenía la obligación de cursar asignaturas de esos Departamentos, que pronto dieron apertura a excelentes postgrados también. Todas las semanas había conferencias generales sobre la dimensión humana, social y ética de la ciencia y la tecnología, conferencias con invitados de primera línea y que eran transmitidas en un circuito de televisión cerrada en todos los espacios de la Universidad.

El país conoce bien la inmensa calidad profesional de sus egresados, demandados por la comunidad nacional e internacional. Hoy se ha decretado otra universidad, por allá, por los predios del IVIC, con semejante concepto pero sin el capital académico y la experiencia acumulada de la Simón. Me pregunto una y otra vez, ¿qué sentido tendrá pretender, y sólo pretender, crear otra Simón en un país que sufre tantas necesidades, muchas de ellas vitales?

Para implementar el proyecto modernizador universitario de la Simón, se la declaró experimental desde el propio año 1970. Así, pudo configurarse una estructura académico-administrativa departamental, lo que le permitió un mayor dinamismo en la movilidad estudiantil y docente entre diferentes disciplinas y saberes, así como economizar presupuesto evitando gastos que duplicaban cátedras. Pregrado y postgrado se mantenían enlazados por medio de los Departamentos. La dirección académica rotaba cada dos o tres años entre todos los profesores adscritos a la dependencia respectiva. Si tuvo la ventaja de la condición experimental para inventarse durante un largo tiempo, esta misma condición terminó siendo su perjuicio de los últimos años al darle facilidades a un gobierno voraz, enemigo de los méritos y exigente de compromiso leal con un programa ideológico partidista, para intervenirla y volverla un capítulo más en el libro de la hecatombe nacional.

Yo estudié allí mi postgrado en filosofía, no me faltó nada. Disponía de un buen transporte que me llevaba puntualmente a Sartenejas y me regresaba prontamente a Caracas, como a cualquier otro estudiante. Almorzaba gustosamente en su comedor, trabajé en el Departamento de Filosofía como asistente académico. Después tuve la oportunidad de ser profesor de Epistemología durante varios años y conté con el mayor de los apoyos de una excelente, actualizada y muy moderna biblioteca. Era un lujo investigar en sus instalaciones. Siempre recordaré la fría brisa de Sartenejas dándome en las mejillas o una buena lectura en sus jardines junto a tortugas, patos y gansos. Fuí testigo presencial de su grandeza, he visto su destrucción, que ha seguido a la terrible que ya sufrió la Universidad de Oriente. Y por ello demando de la Presidenta de la República y de la Ministra de Educación Superior una respuesta positiva para que la Universidad resurja de sus actuales cenizas, empezando porque se le permita a su comunidad elegir a sus autoridades y conducir una transición para mejores tiempos. Piénsese que salvar la Simón puede ser una oportunidad para integrar en su seno a otras universidades decretadas y hoy desvencijadas, instituciones más de papel que auténticos centros formativos. Espero, de todo corazón, una actuación de buena fe para el rescate de la Simón. Espero que ese rescate sea el inicio del renacimiento de toda la educación pública venezolana.

viernes, 5 de junio de 2026

Sobre la reforma del Estado

  - www.aporrea.org




Lo primero: la reforma del Estado es cuestión urgente, casi de vida o muerte ante la situación del país. A partir de aquí entran en juego muchas cosas para poder entendernos. Unas de contenido, como a qué llamamos reforma, qué tipo de Estado queremos reformar y qué Estado queremos construir. Otras son de forma y refieren principalmente al método para reformar el Estado y quiénes son convocados para llevar a cabo tal reforma. En las próximas líneas esbozaré algunas consideraciones sobre el contenido y la forma de la reforma estatal, todo ello a propósito de la propuesta que el gobierno ha puesto en la agenda nacional.

Antes, algo de historia: la COPRE. La Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (COPRE) fue un proyecto que se originó en el primer año del gobierno de Jaime Lusinchi (1984-1989) para dar respuesta al colapso que ya era evidente a partir del viernes negro (18 de febrero de 1983) del modelo de crecimiento económico y el Petroestado rentista que se había formado en la Venezuela del siglo XX. Para aquel entonces ya era una tarea poco menos que titánica elaborar una cartografía completa del complejo de instituciones vinculadas directamente al Estado, cual Hidra de Lerna disponía de múltiples cabezas y por más que se le cortaran le crecían nuevas, especialmente a partir del primer gobierno de Carlos Andrés Pérez (1974-1979). Considero que la COPRE sirve de modelo para repensar y llevar a cabo la reforma actual del Estado, si bien perfectible y actualizable. Lo afirmo porque fue un organismo de autoobservación y cambio estatal pensado en términos más amplios que los del gobierno de turno y su partido, así, desde el inicio lo integraron actores de diferentes procedencias político-ideológicas, académicos, especialistas independientes, actores empresariales y sindicales que se reunieron en distintas áreas de investigación propositiva como salud, educación, economía, reforma constitucional, participación electoral y política, etc. Sin embargo, el gobierno de Lusinchi engavetó durante todo su quinquenio las recomendaciones que se le propusieron consensualmente. Fue el comienzo del segundo gobierno de Pérez (1989-1993) el que impulsó algunas de esas reformas, especialmente la referida a la elección de los gobernadores estadales y la creación y elección de la figura de alcaldes, pero aquella descentralización quedó a medio hacer al cercenarse muchos recursos administrativos y presupuestarios a las nuevas entidades políticas. Para remate, por muchas circunstancias aquel gobierno nació arponeado para llevar a cabo mayores cambios, contando incluso con la oposición de su propio partido. El colofón de cierre del proyecto fue la persistente negativa de los partidos hegemónicos a aprobar las leyes que los democratizase y su obstaculización a crear las condiciones para impulsar la autonomía de la sociedad civil. La COPRE se quedó casi toda en proyecto pues las cúpulas partidistas se negaron a ceder sus privilegios, los mismos con los que a los pocos años se hundirían dando paso al actual cuarto de siglo político. Empero, la COPRE dejó un legado en una pluralidad de libros y documentos y en una forma de convocar el cambio.

Recientemente la Presidenta (E.) Rodríguez ha designado a su Ministro de Educación, Héctor Rodríguez, para dirigir una comisión especial de reforma estatal. Desconozco, como creo que gran parte del país, los detalles de esta comisión. No obstante, a partir de lo dicho por las autoridades mencionadas, algo se puede aventurar. De este modo, parece una propuesta urgida, se habla de 90 días para presentarla, se habla que está dirigida a crear una nueva estructura de gobierno y un cambio importante en la legislación en aspectos relativos al código penal, la aceleración de trámites para facilitar los emprendimientos económicos y, muy probablemente, un cambio significativo en las leyes laborales. Lo dicho supone la colaboración del poder legislativo, con la que de seguro contará y también de forma expedita, como ya lo ha mostrado en las semanas pasadas de este año. El lenguaje frecuentemente empleado también nos dice algo. Palabras como “reingeniería estatal”, “eficacia y eficiencia administrativas”, “optimización financiera” están a flor de piel. Esta terminología técnica se impone sobre la vetusta terminología ideológica, por lo que parece que estamos ante un giro pragmático en el gobierno, algo que se viene observando desde el 3 de enero.

Recordando lo que fue la COPRE, quizás en lugar de hablar de reforma del Estado sea mejor hacerlo en términos de reformas puntuales en la administración del poder ejecutivo y reformas específicas en el ámbito legislativo que apuntan a una modernización económica con miras a facilitar la inversión de capitales en el país. No estamos, sin duda, ante la envergadura de lo que fue la COPRE. Estamos ante una reforma administrativa del gobierno para podarlo de tanta paja burocrática creada durante estas dos últimas décadas, especialmente a partir de la configuración del “socialismo rentístico” en 2006. Reducir el tamaño de la mesa del Consejo de Ministros ya se ha de agradecer ante un país al que se le piden tantos sacrificios, veremos qué consecuencias traiga ello en materia de empleos públicos, pero seguro habrá mucho que ganar de cara a una administración más eficiente y económica. En pocas palabras, la cosa parece bien, y quizás el alto gobierno requiera cubrirse con el manto de una comisión de reforma para darle algo de legitimidad a los cambios que le urge implementar.

Lo que fue el concepto de la COPRE está muy lejos de lo que se plantea, pero el gobierno siempre podrá decir con razón que no ha pretendido seguir ese modelo, que la comparativa es sólo mía. Y tendrá toda la razón. Si la he puesto en la mesa es porque, 1) creo que lo urgente es una reforma global del Estado, entre otras dimensiones de sus cinco poderes, de todo su aparataje institucional, de su relación con la sociedad civil y las comunidades, de las formas de organización de los partidos políticos a los que ha de aspirar una sociedad que se quiere democrática; y, 2) que esa reforma, si se quiere efectivamente democrática, y particularmente democrática en el concepto participativo y protagónico de nuestra Constitución, ha de convocar a la mayor diversidad posible de actores políticos y civiles concernidos con la reforma y afectados por las decisiones a tomar. De modo que bienvenido el acto de podar al Estado de tanto gamelote burocrático, pero la reforma del Estado todavía es una tarea pendiente.

jueves, 28 de mayo de 2026

Heidegger, la verdad y el êthos democrático

- www.aporrea.org
- www.aporrea.org/ideologia/a353379.html

I

¿De cuántas formas se puede decir la verdad? Un término unívoco para nada lo es. En la polisemia de la palabra verdad caben, a modo de ejemplo, las siguientes significaciones:

1) Verdad por correspondencia entre un enunciado y su referente empírico;

2) Verdad por coherencia;

3) Verdad por consenso de una comunidad;

4) Verdad como don (donación) de un sentido y significado que se descubre (Alétheia) en un mundo, bien como ese mundo o algo de ese mundo, o un matiz de ese mundo; y,

5) Verdad por revelación.

La primera significación es, presuntamente, de naturaleza empírica y refiere a experiencias perceptivas del mundo, establece un fuerte sentido objetivo en el sentido de que sujeto y objeto se enfrentan uno a otro. En lenguaje hegeliano se trata de una certeza sensible. La segunda es propia de la lógica, los sistemas como teorías e hipótesis han de ser consistentes en sí, no contradecirse en su entrelezamientos de proposiciones. Estas dos primeras concepciones son las propias del positivismo lógico que ha predominado en las ciencias naturales y formales modernas, mientras que en las ciencias humanas y sociales tropieza con no pocas dificultades. La tercera es propia de corrientes postpositivistas y postempiristas más próximas a nuestro tiempo, es la verdad como acuerdo social y se empleó para criticar al positivismo, entre otros aspectos. Thomas S. Kuhn la hace explícita en su "La estructura de las revoluciones científicas": la verdad en la ciencia es lo que una comunidad científica en un contexto determinado define como verdad. La cuarta, la verdad como don, es una verdad propia de las artes, la poesía y la filosofía existencialista. Sartre la trata en un conocido opúsculo. La quinta es propia de las religiones, a alguien o a algunos se le ha revelado una verdad absoluta. O crees en la misma o no crees, no hay opción. El positivismo lógico excluye a las tres últimas como sinsentidos o expresiones emocionales sin valor veritativo. El Wittgenstein temprano dirá que sobre estas últimas nada cabe decir, y por ello es mejor callar.

Una primera conclusión bien puede ser que cuando empleamos la palabra "verdad" cabe problematizarla y reflexionar dentro de qué juego del lenguaje la usamos, para decirlo con el Wittgenstein tardío. Cabe también pensar en el sentido de ponernos alerta sobre si estamos absolutizando un juego de lenguaje como el único posible, algo en que cayó el discurso positivista más extremo, especialmente cuando Carnap, y como ya dijimos, termina calificando de sinsentido todo aquello que no se atenga a las verdad por correspondencia o a las tautologías de la lógica. Obviamente, este peligro está también en las otras significaciones mencionadas de la verdad, y la historia está repleta de ejemplos en materia de religiones, ideologías y prácticas políticas. Y es que en cuanto que los juegos de lenguaje son también modos de vida social tienen consecuencias en la práctica humana, por lo cual también se precisaría volvernos reflexivos en torno a esto último, las consecuencias que para la acción tienen nuestros modos de pensar y nuestras maneras de comprender nuestras verdades.

II

Carnap ejemplificaba los sinsentidos del lenguaje con ejemplos extraídos de la obra de Martin Heidegger. Citaba expresiones tales como "la nada nadea". Para Carnap no había objeto alguno en el mundo de la experiencia de la certeza sensible que fuese una "nada", por tanto nada había que nadeara. Carnap, junto con la tradición positivista a la que pertenecía, decía que había que curar al lenguaje de estas enfermedades mediante una terapéutica lingüística. Su colega, Otto Neurath, propuso que el único lenguaje válido en términos veritativos era el fisicalismo, es decir, la formalización del lenguaje en el marco de la física matemática moderna. Herbert Marcuse, en tono irónico, afirmaba que con el fisicalismo las ciencias humanas y sociales terminarían balbuceando cosas como: "el objeto que dentro del lenguaje natural castellano llamamos "escoba" se encuentra detrás del objeto que en la misma lengua natural llamamos "puerta", en la latitud "x", la longitud "y" en el tiempo "z" de acuerdo con el sistema MKS". Heidegger, quien había sido uno de los maestros de Marcuse, si bien a cierto despecho de éste, y que en esta semana conmemoramos luctuosamente medio siglo de su fallecimiento, a su modo respondía a estas inquisiciones con la tesis de que "la ciencia no piensa". Veamos.

La ciencia moderna, especialmente las ciencias naturales, ha mostrado grandes éxitos y resultados asombrosos en el dominio cognitivo y técnico de una parte de la naturaleza, incluida la humana. Y gran parte de estos logros se deben a que la ciencia no piensa, dice Heidegger. Si se detuviese a hacerlo perdería su eficacia ganada por un titánico esfuerzo metódico. La ciencia moderna no piensa porque está instalada en una concepción del mundo para la que su razón de ser es en gran medida el cálculo y la voluntad de dominio del objeto. Podemos decir que Heidegger sigue aquí a Max Weber y la tradición germana de crítica al positivismo propia de la segunda mitad del siglo XIX. La ciencia no piensa, calcula. Su racionalidad descansa en una relación de consecución de los medios más eficaces y eficientes para un fin viable, sin entrar en juicios de valor. La ciencia, en el pensar de Heidegger, descubre una cara del mundo, la cara del mundo a la mano y su utilidad de acuerdo con los propósitos de dominio humano. Des-cubre el mundo como técnica. La pregunta por el Ser, tan cara a Heidegger, le está vedada a la ciencia. Incluso, elevada al paroxismo de su racionalidad, la ciencia nos dirá que esa pregunta es mística, que no cabe hablar de ella, que es mejor callar en estos asuntos (Wittgenstein temprano), o incluso que se trata de un sinsentido (Carnap) si tal Ser no puede reducirse a lenguaje físico-matemático (Neurath). La ciencia sigue su propio camino en el inmenso bosque del mundo, traza un sendero y su éxito consiste en caminarlo sin volver la vista atrás.

Una crítica a Heidegger en este asunto pasaría por considerar su reducción de la ciencia moderna a racionalidad técnica. Volver a Weber nos ayudaría a ver en las ciencias, especialmente en las humanas y sociales, otros matices, como aquel de un autoesclarecimiento en el sentido de dar cuenta de sobre qué supuestos del mundo y sobre qué valores se montan nuestros juicios, con lo cual la ciencia descubriría aspectos no necesariamente técnicos sino más bien autocomprensivos. O el matiz de que asesorarnos en qué cabría esperar de nuestras decisiones políticas y económicas. Para decirlo con Habermas, el interés del conocimiento científico no es solamente técnico-instrumental, sino también comprensivo, pudiendo establecer las bases para un interés emancipatorio. Siguiendo la línea que va de Peirce a Dewey y de ahí al pragmatismo contemporáneo, el propio método científico en tanto que método de conjeturas y refutaciones sustentadas en un diálogo comunitario público siempre inconcluso, diálogo racional y razonable en cuanto que argumentado, basado en datos y hechos y orientado a la mayor claridad conceptual posible, sería un método crítico y base para una democracia deliberativa que se quiera inteligente por autorreflexiva. Siendo ello así, la reducción de la empresa científica moderna a racionalidad técnica, a cálculo, resulta capciosa, casi que la creación de un espantapájaros si no fuese porque el uso político-económico de la ciencia en nuestras sociedades conduce a esa poco deseable reducción. Es la voluntad de dominio institucionalizada la que, mediante las condiciones materiales del financiamiento, orienta la producción científica a dominio tecnológico del mundo y comprime el significado de la verdad a articulación entre correspondencia empírica y coherencia logicista.

III

Dicho lo dicho, pienso que ha de rescatarse cierta voluntad de escucha propia de la filosofía de Heidegger. La misma queda explícita en su considerar la verdad más allá de la correspondencia empírica y la coherencia lógica. Desde temprano la filosofía fenomenológica heideggeriana defendió la verdad como Alétheia, como des-cubrimiento, de-velación de mundos en el mundo. Estamos ante una filosofía que se niega a ver el mundo de una sola manera, una filosofía que impugna una y otra vez los cierres dogmáticos de cualquier ortodoxia, sea que se hable en nombre de la ciencia, la religión o cualquier otro factor cultural. Para Heidegger la verdad como desocultamiento (Alétheia) es anterior a la verdad como correspondencia o adecuación. Para que algo resulte adecuado primero ha de mostrarse. Para que la flor de margarita resulte un buen producto farmacológico para contrarrestar inflamaciones o indigestiones, para que se pueda verificar tal propiedad y hacerla verdad, primero tiene que mostrarse la margarita en tanto que remedio para una razón que anda en busca de remedios. Empero, la margarita no sólo es remedio, ni la razón tiene por qué circunscribirse a encontrar sólo propiedades de dominio técnico en el mundo, en este caso remedios farmacológicos. La margarita puede ser descubierta también por las artes, la poesía o la cosmología. O incluso, dentro de la farmacología incluso para otros fines que se cierran a una industria farmacéutica orientada primordialmente a las ganancias de capital. La cosa, entonces, resulta compleja. El mundo y sus entes (objetos) se muestra a una orientación nuestra que devela una forma de ser como un camino descubre una vía posible entre el follaje del bosque. Detenerse un momento, hacer un alto en el camino para pensar, quizás permita que un claro ilumine que hay otros caminos posibles, otras razones, otras formas de ver, otro orden posible en la tupida densidad de la vida. El Ser se muestra de muchas maneras, dirá Heidegger. Estar en una oculta las otras, reconozcamos esta dialéctica y abramos el ánimo a una voluntad develatoria, si bien sin la esperanza de alcanzar la luz total, la verdad absoluta. Somos seres en el tiempo, acurrucados en nuestra propia facticidad, en unos límites más o menos flexibles de acuerdo con nuestras comprensiones y entendimientos, pero siempre limitados. Todo mostrar oculta. Las ciencias muestran y ocultan, la poesía también. Adecuación, correspondencia, hay en unas y en la otra ante el mundo que se les muestra. No hay una casa que venza la sombra, lo que puede haber es una casa que reconozca sombras en su luz y con ello mantenerse atenta a la escucha y apuntar solidaridades con otros sentidos y significados. Saberlo ya es ganancia.

Llegados aquí, alguna vez un conocido personaje de este país, ex ministro, me criticó en un acto académico por tratar de develar en la filosofía heideggeriana un êthos democrático, esto es, un carácter de apertura a la diversidad, a la diferencia, que podría resultar aleccionadora para una educación formativa del carácter democrático de la ciudadanía. Me dijo que era un provocador, que de un personaje que se había ilusionado tanto con el nazismo no cabía esperar una filosofía de apertura. Pero como siempre, una cosa son las personas y otras las obras. La filosofía schopenhauriana aconsejaba el retiro del mundo, su autor era pendenciero y cuentan que hasta putañero. Más ejemplos abundan por doquier hay un humano. Somos humanos, demasiado humanos. Y también las falacias ad hominem son humanas. A cincuenta años de la muerte del hombre, queremos reivindicarlo no tanto a él sino a su reflexión sobre la verdad, a una filosofía que nos invita a pensar y a negarnos a hacerlo de un solo modo.