viernes, 19 de junio de 2026

¿Democracia sin educación?

 

Por: Javier B. Seoane C. | Viernes, 19/06/2026 05:33 AM |


¿Será disfuncional la Escuela venezolana en materia de formación ciudadana? De seguro el problema de la educación para la democracia no consiste sólo en la buena voluntad política de emprender reformas educativas, sino que antes se precisa conquistar la voluntad de los actores de la educación, especialmente la voluntad de los educadores. Mas, para conquistar esa voluntad se requiere persuadirlos y convencerlos de que hay una serie de obstáculos que enfrentar, muchos de ellos invisibles, unos que dependen más de la institución escolar, otros que encuentran su lugar fuera de la escuela. En cuanto a los primeros, se necesita vencer una cultura autoritaria y magistrocéntrica, cultura que aún persiste entre maestros y profesores, con una dimensión actitudinal y otra cognitiva. Actitudinal, en tanto se refleja en las formas autoritarias de proceder frente a los alumnos. Cognitiva, pues modificar estas actitudes supone alcanzar un conocimiento efectivo del carácter práctico de la educación para la democracia. De los obstáculos externos a la Escuela, que hallamos en la familia, en los medios de comunicación social, en las redes sociales y en los diversos entes de la comunidad, no vamos a hablar aquí en esta oportunidad.

Hoy nos preguntamos: ¿qué se ha hecho en los últimos años en materia de la educación ciudadana? Estimamos que por un lado se ha hecho mucho, pero por otro muy poco. Mucho, pues se ha ganado una conciencia en la sociedad que antes no había. Los avatares de la democracia en estos tiempos, la fractura social y política, la emergencia de nuevas formas autoritarias en el país y a nivel mundial, ha hecho que partes importantes de nuestra sociedad se movilicen y comprendan que no hay sistema democrático sin apoyo de un ethos ciudadano, tolerante y solidario. Cada vez más comprenden que este ethos no se constituye por generación espontánea sino por medio de la socialización y la educación metódica. En este sentido, en las distintas universidades del país se han llevado a cabo eventos de distinta naturaleza sobre estos tópicos, si bien los mismos no se han materializado todavía en cambios curriculares sustantivos.

Mas, por otro lado, se ha hecho muy poco y hasta quizás se pueda afirmar que hemos retrocedido. En términos de políticas educativas estatales se ha procurado, ciertamente, rescatar una reflexión tanto social como sobre la historia nacional en el salón de clases. No obstante, no ha contado con la legitimidad de la sociedad venezolana cuando una parte importante de ésta ha cuestionado los cambios por ser de naturaleza ideológica progubernamental. En el campo propio de la educación ciudadana poco más se ha hecho, a pesar de que en la letra de nuestra Constitución siempre ha estado presente la necesidad de hacer participativa la democracia venezolana, de concienciar a la población sobre el papel de los medios de comunicación social y de extender la educación a todos los sectores de la sociedad. El problema de la educación para la democracia es cuantitativo en el sentido de esta extensión, pues se fracasará en el intento democratizador si no se forma a la población. Empero, se trata también de un problema especialmente cualitativo en cuanto que se trata de constituir un ethos, una personalidad moral. Con relación a este último aspecto, seguimos teniendo una escuela bastante bancaria (Freire), en la que poco se convoca a los estudiantes a ejercer papeles activos conducentes al protagonismo deliberativo.

Venezuela está por hacerse y quienes nos sentimos llamados a consolidar la democracia en el país debemos no desfallecer y seguir en el camino de ofrecer opciones a partir de diagnósticos bien elaborados. Además, hay un sendero andado por nuestras instituciones. Hay una tradición históricamente ganada hacia la lógica electoral, algo que hay que impulsar a pesar del influjo mundial que apunta cada vez más en clave cínicamente autoritaria y desinstitucionalizadora de los regímenes democráticos existentes ya de por sí precarios desde su origen. Nuestra misión consiste en abrir brechas que conduzcan hacia una Venezuela próspera, humana y democrática que creo anhelamos la mayoría. El principio esperanza (E. Bloch) nos da aliento para actuar en conjunto, en equipo, ganando capital social para el logro de estos anhelos.

Llevamos años procurando llamar la atención de que no hay democracia sin educación democrática. Desde 1995, mucho antes de la llegado del chavismo a Miraflores, hasta la actualidad tenemos decenas de publicaciones sobre el tema. No desfallecer es la consigna. Seguiremos tratando temas afines a la educación para la democracia como son, entre otros, la relación entre familia y escuela; medios de comunicación social, redes sociales, inteligencia artificial y ciudadanos informados; el mundo social del aula; la contribución de las distintas materias a la formación ciudadana; la formación de capital social, educación y democracia. Nuestro futuro exige poner la educación en primer plano.

jueves, 11 de junio de 2026

Salvemos a la Simón Bolívar

 


Por: Javier B. Seoane C. | Jueves, 11/06/2026 10:13 PM | 


El concepto con el cual se fundó y desplegó durante varias décadas la Universidad Simón Bolívar resultó innovador y exitoso. Tanto así, que hoy hay quienes quieren retomar con una "nueva" Universidad muchas aristas de ese concepto, si bien con la gravedad de que se lleva ya varios años demoliendo el original. La destrucción de la infraestructura física de la Simón bien vale de claro reflejo de su destrucción también espiritual, académica. Que hasta un caimán haya crecido y sobreviva en la piscina olímpica de Sartenejas habla de un regreso del espíritu a la naturaleza salvaje. La comunidad universitaria de la Simón lleva tiempo clamando auxilio y el país, si se quiere un país con futuro, debe atender este llamado. En lo personal, como beneficiado del muy buen sistema de educación pública venezolano de la segunda parte de nuestro siglo XX, como egresado del Liceo Gustavo Herrera (del que debo escribir pronto), de la Universidad Central de Venezuela y de la propia Universidad Simón Bolívar, elevo mi voz para sumarme al reclamo para salvar tan magnífica institución.

Desde el último quinquenio de la década de los sesenta se constituyó una Comisión para llevar a cabo el proyecto de una universidad científico-tecnológica de excelencia. En esa Comisión hubo un grupo de reconocidos filósofos del país como Alberto Rosales, Eduardo Vásquez y el que sería su Rector-fundador Ernesto Mayz Vallenilla. La presencia de estos pensadores tenía una buena razón de ser. Y es que desde el comienzo se consideró que la educación en general, y particularmente la educación universitaria, no ha de separar las ciencias y tecnologías de las humanidades, pues de tal escisión sólo puede resultar una peligrosa perversión epistemológica. Por ello, la Simón nació ligada a la reflexión humanística. Su Departamento de Filosofía abrió las puertas el primer día y junto con otros ligados a la literatura, la psicología y las ciencias humanas y sociales, dotó de una formación reflexiva a sus egresados en ciencias básicas y tecnológicas Cada estudiante de pregrado, no importa de qué carrera, tenía la obligación de cursar asignaturas de esos Departamentos, que pronto dieron apertura a excelentes postgrados también. Todas las semanas había conferencias generales sobre la dimensión humana, social y ética de la ciencia y la tecnología, conferencias con invitados de primera línea y que eran transmitidas en un circuito de televisión cerrada en todos los espacios de la Universidad.

El país conoce bien la inmensa calidad profesional de sus egresados, demandados por la comunidad nacional e internacional. Hoy se ha decretado otra universidad, por allá, por los predios del IVIC, con semejante concepto pero sin el capital académico y la experiencia acumulada de la Simón. Me pregunto una y otra vez, ¿qué sentido tendrá pretender, y sólo pretender, crear otra Simón en un país que sufre tantas necesidades, muchas de ellas vitales?

Para implementar el proyecto modernizador universitario de la Simón, se la declaró experimental desde el propio año 1970. Así, pudo configurarse una estructura académico-administrativa departamental, lo que le permitió un mayor dinamismo en la movilidad estudiantil y docente entre diferentes disciplinas y saberes, así como economizar presupuesto evitando gastos que duplicaban cátedras. Pregrado y postgrado se mantenían enlazados por medio de los Departamentos. La dirección académica rotaba cada dos o tres años entre todos los profesores adscritos a la dependencia respectiva. Si tuvo la ventaja de la condición experimental para inventarse durante un largo tiempo, esta misma condición terminó siendo su perjuicio de los últimos años al darle facilidades a un gobierno voraz, enemigo de los méritos y exigente de compromiso leal con un programa ideológico partidista, para intervenirla y volverla un capítulo más en el libro de la hecatombe nacional.

Yo estudié allí mi postgrado en filosofía, no me faltó nada. Disponía de un buen transporte que me llevaba puntualmente a Sartenejas y me regresaba prontamente a Caracas, como a cualquier otro estudiante. Almorzaba gustosamente en su comedor, trabajé en el Departamento de Filosofía como asistente académico. Después tuve la oportunidad de ser profesor de Epistemología durante varios años y conté con el mayor de los apoyos de una excelente, actualizada y muy moderna biblioteca. Era un lujo investigar en sus instalaciones. Siempre recordaré la fría brisa de Sartenejas dándome en las mejillas o una buena lectura en sus jardines junto a tortugas, patos y gansos. Fuí testigo presencial de su grandeza, he visto su destrucción, que ha seguido a la terrible que ya sufrió la Universidad de Oriente. Y por ello demando de la Presidenta de la República y de la Ministra de Educación Superior una respuesta positiva para que la Universidad resurja de sus actuales cenizas, empezando porque se le permita a su comunidad elegir a sus autoridades y conducir una transición para mejores tiempos. Piénsese que salvar la Simón puede ser una oportunidad para integrar en su seno a otras universidades decretadas y hoy desvencijadas, instituciones más de papel que auténticos centros formativos. Espero, de todo corazón, una actuación de buena fe para el rescate de la Simón. Espero que ese rescate sea el inicio del renacimiento de toda la educación pública venezolana.

viernes, 5 de junio de 2026

Sobre la reforma del Estado

  - www.aporrea.org




Lo primero: la reforma del Estado es cuestión urgente, casi de vida o muerte ante la situación del país. A partir de aquí entran en juego muchas cosas para poder entendernos. Unas de contenido, como a qué llamamos reforma, qué tipo de Estado queremos reformar y qué Estado queremos construir. Otras son de forma y refieren principalmente al método para reformar el Estado y quiénes son convocados para llevar a cabo tal reforma. En las próximas líneas esbozaré algunas consideraciones sobre el contenido y la forma de la reforma estatal, todo ello a propósito de la propuesta que el gobierno ha puesto en la agenda nacional.

Antes, algo de historia: la COPRE. La Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (COPRE) fue un proyecto que se originó en el primer año del gobierno de Jaime Lusinchi (1984-1989) para dar respuesta al colapso que ya era evidente a partir del viernes negro (18 de febrero de 1983) del modelo de crecimiento económico y el Petroestado rentista que se había formado en la Venezuela del siglo XX. Para aquel entonces ya era una tarea poco menos que titánica elaborar una cartografía completa del complejo de instituciones vinculadas directamente al Estado, cual Hidra de Lerna disponía de múltiples cabezas y por más que se le cortaran le crecían nuevas, especialmente a partir del primer gobierno de Carlos Andrés Pérez (1974-1979). Considero que la COPRE sirve de modelo para repensar y llevar a cabo la reforma actual del Estado, si bien perfectible y actualizable. Lo afirmo porque fue un organismo de autoobservación y cambio estatal pensado en términos más amplios que los del gobierno de turno y su partido, así, desde el inicio lo integraron actores de diferentes procedencias político-ideológicas, académicos, especialistas independientes, actores empresariales y sindicales que se reunieron en distintas áreas de investigación propositiva como salud, educación, economía, reforma constitucional, participación electoral y política, etc. Sin embargo, el gobierno de Lusinchi engavetó durante todo su quinquenio las recomendaciones que se le propusieron consensualmente. Fue el comienzo del segundo gobierno de Pérez (1989-1993) el que impulsó algunas de esas reformas, especialmente la referida a la elección de los gobernadores estadales y la creación y elección de la figura de alcaldes, pero aquella descentralización quedó a medio hacer al cercenarse muchos recursos administrativos y presupuestarios a las nuevas entidades políticas. Para remate, por muchas circunstancias aquel gobierno nació arponeado para llevar a cabo mayores cambios, contando incluso con la oposición de su propio partido. El colofón de cierre del proyecto fue la persistente negativa de los partidos hegemónicos a aprobar las leyes que los democratizase y su obstaculización a crear las condiciones para impulsar la autonomía de la sociedad civil. La COPRE se quedó casi toda en proyecto pues las cúpulas partidistas se negaron a ceder sus privilegios, los mismos con los que a los pocos años se hundirían dando paso al actual cuarto de siglo político. Empero, la COPRE dejó un legado en una pluralidad de libros y documentos y en una forma de convocar el cambio.

Recientemente la Presidenta (E.) Rodríguez ha designado a su Ministro de Educación, Héctor Rodríguez, para dirigir una comisión especial de reforma estatal. Desconozco, como creo que gran parte del país, los detalles de esta comisión. No obstante, a partir de lo dicho por las autoridades mencionadas, algo se puede aventurar. De este modo, parece una propuesta urgida, se habla de 90 días para presentarla, se habla que está dirigida a crear una nueva estructura de gobierno y un cambio importante en la legislación en aspectos relativos al código penal, la aceleración de trámites para facilitar los emprendimientos económicos y, muy probablemente, un cambio significativo en las leyes laborales. Lo dicho supone la colaboración del poder legislativo, con la que de seguro contará y también de forma expedita, como ya lo ha mostrado en las semanas pasadas de este año. El lenguaje frecuentemente empleado también nos dice algo. Palabras como “reingeniería estatal”, “eficacia y eficiencia administrativas”, “optimización financiera” están a flor de piel. Esta terminología técnica se impone sobre la vetusta terminología ideológica, por lo que parece que estamos ante un giro pragmático en el gobierno, algo que se viene observando desde el 3 de enero.

Recordando lo que fue la COPRE, quizás en lugar de hablar de reforma del Estado sea mejor hacerlo en términos de reformas puntuales en la administración del poder ejecutivo y reformas específicas en el ámbito legislativo que apuntan a una modernización económica con miras a facilitar la inversión de capitales en el país. No estamos, sin duda, ante la envergadura de lo que fue la COPRE. Estamos ante una reforma administrativa del gobierno para podarlo de tanta paja burocrática creada durante estas dos últimas décadas, especialmente a partir de la configuración del “socialismo rentístico” en 2006. Reducir el tamaño de la mesa del Consejo de Ministros ya se ha de agradecer ante un país al que se le piden tantos sacrificios, veremos qué consecuencias traiga ello en materia de empleos públicos, pero seguro habrá mucho que ganar de cara a una administración más eficiente y económica. En pocas palabras, la cosa parece bien, y quizás el alto gobierno requiera cubrirse con el manto de una comisión de reforma para darle algo de legitimidad a los cambios que le urge implementar.

Lo que fue el concepto de la COPRE está muy lejos de lo que se plantea, pero el gobierno siempre podrá decir con razón que no ha pretendido seguir ese modelo, que la comparativa es sólo mía. Y tendrá toda la razón. Si la he puesto en la mesa es porque, 1) creo que lo urgente es una reforma global del Estado, entre otras dimensiones de sus cinco poderes, de todo su aparataje institucional, de su relación con la sociedad civil y las comunidades, de las formas de organización de los partidos políticos a los que ha de aspirar una sociedad que se quiere democrática; y, 2) que esa reforma, si se quiere efectivamente democrática, y particularmente democrática en el concepto participativo y protagónico de nuestra Constitución, ha de convocar a la mayor diversidad posible de actores políticos y civiles concernidos con la reforma y afectados por las decisiones a tomar. De modo que bienvenido el acto de podar al Estado de tanto gamelote burocrático, pero la reforma del Estado todavía es una tarea pendiente.