viernes, 27 de febrero de 2026

Historia del desencanto: del bolero al reguetón

 

Del advenimiento epocal del nihilismo (Nietzsche, Tolstoi, Dostoievski)) a la spengleriana decadencia de occidente comienza una línea reflexiva sobre el estado de cosas en nuestro mundo occidental que llega hasta nuestros días y que podríamos bien bautizar con la tesis del desencantamiento del mundo (Max Weber). Palabras más, palabras menos se puede comprender toda esta línea como la pérdida de sentido del mundo moderno. Nació este mundo de varias olas sucesivas de encantamiento: el del humanismo renacentista que desplazó a Dios con relación a lo humano; el de la Reforma luterana y calvinista que puso la noción de trabajo productivo como valor religioso en máximo grado a la par que promovió las libertades individuales; el de las continuas revoluciones científicas desde la astronomía hasta las ciencias humanas, que prometieron un progreso contínuo y dominio sobre la naturaleza, incluida la muerte; y, por supuesto, el de la Ilustración con la diosa Razón iluminando un futuro maravilloso tal como se expresa en sus tres hijos más queridos como lo han sido el liberalismo, el positivismo y el marxismo. No obstante, un siglo XX atroz por sangriento, con sus prácticas económicas y políticas descarnadas, nos volvió cínicos en las materias espirituales.

Las artes no han sido ajenas a este proceso, como tampoco la música popular. En el caso hispanoamericano del último siglo hay una línea de evolución en la popularidad de la música que en tres de sus momentos podríamos arrancar con el bolero hasta llegar a nuestros tiempos reguetoneros. Cuba, México, Puerto Rico, Venezuela, Chile y muchos otros países fueron grandes centros productores del bolero. Muchas de las letras de este género muestran la imposibilidad de un amor o su ruptura definitiva. El sufrimiento por la pérdida suele compaginarse con el sentido de vivir conservando la memoria de lo que fue. A pesar de estar primordialmente referidos al sentimiento de amor entre hombre y mujer, los boleros muchas veces aludían subrepticiamente a cuestiones políticas. Es el caso de "Preciosa", de Rafael Hernández, cuya una de sus estrofas dice: "Preciosa te llaman los bardos / que cantan tu historia / no importa el tirano te trate con negra maldad / preciosa serás sin banderas / sin lauros ni glorias / preciosa, preciosa te llaman los hijos / de la libertad.". Una alusión contra las tiranías que predominaban durante la gran época del bolero desde España hasta la Argentina. Y como "Preciosa" se podrían mencionar muchos otros. El tiempo del bolero fue políticamente agreste, pero no faltaba la poesía sobre el encuentro humano, sin falta de sexualidad pero sin necesidad de reducirla a perreo.

A mediados de los años sesenta otro género entró en escena en esta evolución de la música popular lírica. Se trata de la balada. La influencia de otros géneros bailables o del propio rock and roll establecen otro discurso musical que al fusionarse con el bolero origina la balada que durante más de un cuarto de siglo dará grandes exponentes en la composición y el canto. Junto con el bolero, la balada conserva un sólido carácter poético asociado a la relación romántica, sin dejar de aludir a la sexualidad pero también sin perreo. Es el tiempo de los José José, el Puma, Rocío Dúrcal, Leonardo Favio, José Luis Perales y tantos otros. Y si bien el tono es esencialmente romántico, la cuestión política no deja de estar presente. Quizás no muchos sepan que una canción como "Melina" de Camilo Sesto es un homenaje del regreso a Grecia de la actriz y cantante Melina Mercouri una vez caída la dictadura de los coroneles en julio de 1974. Melina había sido una activista de izquierda exiliada por el régimen griego. Sesto estrenó la canción en pleno régimen franquista, con una letra romántica que todos sabían por aquella época a quién se dirigía, Franco el primero. También se puede decir de otros temas como "Libre" de José Luis Armenteros y Pablo Herrero, sonado por Nino Bravo en aquel mismo contexto dictatorial. Poesía y política van de la mano en los sentimentales bolero y balada.

La misma evolución de la balada nos conduce a la desromantización de la misma a comienzos de la década de los ochenta. Aparecieron entonces letras como "mamita, ábreme la puerta". Así como la salsa brava derivó en salsa erótica, la balada derivó en balada rock y abiertamente sexual. Sin embargo, durante aquella década se alternó lo descarnado y lo poético hasta que el género perdió su lugar en las listas de popularidad del continente. En el lenguaje popular de las parejas también fue borrándose el título de novios por el de "amigos con derecho", y luego, tan solo "amigos". Desde los años ochenta el predominio dejó de ser romántico y se volvió abiertamente sexual, ya no había nada que encubrir al respecto. Las sublimaciones freudianas fueron enterradas.

Es a finales de la década de los ochenta que aparecerán los primeros atisbos del reguetón desde las raíces del hip hop, rap y del reggae, aunque no se popularizará por todo el continente y el mundo hasta la entrada del nuevo siglo. Llega así la época del "dame gasolina" y la perreadera. Visto desde el reguetonero, el bolero y la balada resultaban demasiado intensos. El género tiene muchos detractores y también quien lo defienda en una polémica que ha permanecido en el tiempo. Más allá de cualquier juicio sobre su valor musical hay que decir que el reguetón es expresión de la democratización de la producción musical que han generado las nuevas tecnologías informáticas. Crear boleros y baladas era muy costoso, suponía unas condiciones materiales orquestales nada baratas, de difícil acceso. Del mismo modo exigía cultura musical y hasta literaria a veces bastante exigentes. Por otra parte, la temática es otra, poco o nada romántica, desacralizadora del amor. Pero esto no es tanto responsabilidad del género sino parte de un contexto que como dijimos al comienzo resalta por la actitud cínica y nihilista, un contexto cultural desencantado en el cual las creencias de otrora han perdido fuerza social sin que emerjan nuevos valores. Por supuesto, los posicionamientos políticos también se hacen presentes en muchos temas del reguetón, pero generalmente igualmente en clave cínica.

En "La decadencia de occidente" Spengler anunció que la civilización (el andamiaje técnico e institucional) seguiría desarrollándose probablemente por dos siglos más, pero que la cultura (valores y creencias creadoras y dotadores de sentido para la vida y la acción) ya estaban agotadas para la modernidad occidental. Los tres momentos mencionados de la música popular hispanoamericana parecen reflejar bien esa tesis. El problema es que los humanos somos como la mítica figura de los centauros, mitad humano, mitad animal. El humano es la cabeza, la parte racional. La otra parte pasional es el animal representado por el cuerpo de un caballo. Los humanos somos razón, pero para decirlo con Pascal, el corazón tiene razones que la razón desconoce. Somos razón pero somos además corazón. La actitud racionalista no da con el sentido y significado de la vida y el mundo, por lo cual buscamos por necesidad hasta biológica ese sentido y significado, pues de no hallarlo lo que prácticamente nos queda es el suicidio o su reverso en el asesinato. La evolución de occidente ha renunciado a tratar públicamente esta cuestión. Como decía Max Weber al final de su vida, si queremos un mínimo de paz los dioses deben retirarse de la plaza pública. El Dios único ha muerto, hoy hay muchos y todos quieren ser el único, por eso cuando en lo público queremos imponer nuestro Dios (nuestro sistema de valores) entramos en conflicto con los dioses de otros miembros de la sociedad que habitamos. Por eso la evolución occidental ha abandonado progresivamente la formación en valores morales, políticos y religiosos en sus escuelas, extendiendo en su lugar la instrucción en ciencias y técnicas, particularmente las ciencias naturales filtradas por un lente positivista. La educación ciudadana molesta, la filosofía otro tanto, ya no digamos la cuestión religiosa. La escuela moderna tiende a desentenderse de los valores dejándolos a la esfera privada de la familia. Desencantados, sin embargo, la parte equina del centauro que somos mantiene la necesidad de encantarse para seguir con vida. A veces esta contradicción se expresa en la militancia en radicalismos políticos propios de líderes demagógicos. Creo que estamos viviendo algo de ello en estos tiempos.

Publicado originalmente en el portal Aporrea: Artículo 

viernes, 20 de febrero de 2026

Consideraciones sobre nuestro pasado, tareas para nuestro futuro

 

Ahora que parece que estamos ante la apertura de una nueva etapa histórica quisiera pensar en voz alta algunas cosillas sobre Venezuela que den luz sobre algunas tareas pendientes y otras a emprender. No se trata de verdades acabadas ni mucho menos, sino algunos puntos para tenerlos presentes en nuestra reflexión y así tratar de torcer cierto sino histórico que padecemos, cierto destino ciego que se nos impone, torcerlo en un destino elegido y con inteligencia colectiva. Vamos a ver:

1. Lo que administrativamente denominamos Venezuela proviene de la Capitanía General de 1777. Si contamos los años entre esta fecha y 1810, año que inicia nuestra empresa independentista, apreciamos que: a) duró poquísimo para formar instituciones; b) fue concebida como capitanía general (términos militares), y siguió dependiendo del virreinato de Nueva Granada. Antes de 1777, dependía incluso de dos jurisdicciones distintas, una parte de lo que hoy llamamos Venezuela dependía de Santo Domingo, y la otra mitad de Santa Fé de Bogotá.

2. Cuando hablamos de Venezuela, por otra parte, hablamos de un territorio que si bien de pequeño a regular en el concierto americano, es inmenso en otras escalas. Pensemos que es el doble o más del doble de cualquier país de Europa occidental. Casi un millón de kilómetros cuadrados. Durante toda su historia hasta hoy, ha sido un territorio con muy poca población para su envergadura. España es casi la mitad de territorio que Venezuela y tiene 47 millones de habitantes. Nosotros con casi el doble probablemente hoy estemos sobre los 25. Nos sobra país para los que somos. En parte ello habla de cierta razón del descuido de muchas áreas y del despojo territorial que hemos sufrido. Pensemos también que nuestra población siempre ha estado concentrada en las costas, algo en Zulia y algo en la región andina. Pensemos del mismo modo que la región andina hasta tiempo reciente estuvo más conectada con Colombia que con nosotros y hasta el siglo XX casi estará fuera de la política nacional. En muchas ocasiones, se dice que para llegar a los Andes había que salir de Venezuela a las islas holandesas y volver a entrar por Zulia. En todo caso, tenemos que construir políticas territoriales que faciliten el poblamiento de todo nuestro país, apoyar las vocaciones económicas regionales. Sin duda se requerirá financiamiento, descentralización efectiva y, sobre todo, no volver a repetir la pervertida lógica de Farruco Sesto, aquella de que en “Caracas caben dos Caracas”.

3. Mucho territorio, poca población. Durante la colonia descuidado en gran parte por la metrópolis española, más concentrada en sus sedes virreinales, particularmente México, Colombia y Perú. Con ello se facilitó  hasta la llegada de los Borbones (1713) el crecimiento de una casta terrateniente poderosa que llamamos mantuanaje. Casta significa casto, de pureza sanguínea, una élite que evitaba mezclarse. Se trataba de una sociedad pequeña de estratos sociales muy separados, basada en la explotación y exclusión de los no mantuanos. Su economía estuvo durante mucho tiempo basada en el cacao, el petróleo de aquella época, y algunos otros productos de origen agropecuario. La explotación del cacao reforzó la propiedad latifundista y el esclavismo abierto o encubierto. Por el descuido del imperio ese mantuanaje vivió en gran parte sin mayores controles y con buenas ganancias que venían no de su relación con la metrópolis española, sino con el comercio ilegal en el Caribe con otras potencias (Francia, Inglaterra, Holanda). Una clase poderosa y contrabandista. Cuando los Borbones pusieron controles (Compañía Guipuzcoana) se disgustaron mucho y comenzaron a pensar en tentativas independentistas que fracasaron una y otra vez hasta que Napoleón invadió España en 1808. Entonces se armó el gran lío que ya sabemos. El resentimiento social tiene entre nosotros varios siglos que lo justifican, pero el resentimiento no es buen consejero. ¿Cómo podremos superarlo? ¿Sobre todo en tiempos tan polarizados a nivel planetario? Gobierno y oposición tendrán que construir otra política, revisar en nuestra historia lo afirmativo venezolano (Augusto MIjares), una vocación civilista que se ha manifestado en más de una ocasión.

4. Bolívar tuvo mucho de megalómano, y como tal ideas brillantes. Cierta lectura me enseña que la independencia comenzó en Venezuela como una guerra civil (“Cesarismo Democrático” de Vallenilla Lanz), una guerra entre unos que apoyaban a la corona española y otros que apoyaban la independencia, patriotas y realistas. Mientras, hasta 1814 España se mantenía bastante entretenida en su lío con Napoleón. Solucionado su problema, se incorporó a nuestra guerra para recuperar sus colonias, la guerra civil se volvió también una guerra internacional, pues además se metió con financiamiento Inglaterra y otras potencias enemigas de España. Es decir, esto fue un pandemonium, un round robin en el sentido beisbolero de todos contra todos, una guerra devastadora de una población pequeña, y cuyos cabecillas con mucho de megalomanía no se conformaron con la Gran Colombia sino que extendieron la guerra por gran parte del continente. Desastre total, si bien heroico, muy costoso históricamente. Nuestra historia de comienzos del siglo XIX tampoco facilitó la construcción de instituciones que le dieran un carácter orgánico a nuestra sociedad.

5. Después, el siglo XIX tuvo algunos momentos de estabilidad a partir de 1830 y otros realmente de confrontaciones bélicas intestinas brutales como la Guerra Federal. Con esta situación, sin mayor población y sin capitales llegamos tarde a la revolución industrial, además de que nuestra herencia se estaba vinculada con un imperio decadente. El país que entra al siglo XX era muy pobre, palúdico, analfabeta, con un promedio de vida de treinta años si acaso. 

6. Gómez, caudillo agudo, empezó a construir el Estado moderno (institucionalmente administrado y con control armado creando el ejército profesional nacional). Ya no hubo más guerras de a caballo, como gustaba decir a nuestro historiador Manuel Caballero. Desde entonces, y antes también, la integración del país la garantizaron las fuerzas armadas, no había prácticamente otras fuerzas orgánicas en el país para mantener unido un país archipiélago (Pino Iturrieta). Ojalá podamos integrarnos de cara al futuro en términos civiles y a partir de nuestros trabajos productivos basados en las vocaciones regionales de nuestro diverso país.

7. Entonces entró en escena el petróleo, hasta hoy. El petróleo es mucho. Es la energía que mueve todo el planeta, desde el avión hasta el auto, desde la fábrica hasta la luz de tu cuarto. Todo pasa por el petróleo. Y aquí salía a borbotones en occidente y oriente. Sólo lo podían explotar potencias industriales, Estados Unidos, británicos, holandeses. Al comienzo gozaron un puyero pues ni cuentas había, carecíamos de una hacienda nacional, pero igual con las regalías entró mucho dinero para un país miserable que había que levantar, que sacar de la miseria. Se hicieron grandes cosas. Vea fotos de Caracas hace 75 años, era monte y culebra. Y 75 años no es nada en la historia. Venezuela llegó a ser el segundo productor de petróleo del mundo y el primer exportador. Se curaron las enfermedades, se alfabetizó, se hicieron infraestructuras... y tantas cosas. No han  de atribuirse a un solo gobierno, ahí comienzan las narrativas ideológicas. Que si Pérez Jiménez, que si tal o cual. Pensemos, como ilustración, en una obra como la Ciudad Universitaria de Caracas, patrimonio de la humanidad. En su construcción participaron gobiernos desde Medina hasta hoy. O el sistema de orquestas, otro ejemplo. Más bien hemos fracasado cuando por razones políticas no se ha dado continuidad a las obras que alguna vez se emprendieron. El Helicoide es emblemático de esto último. Valoremos lo que hemos conseguido, procuremos recuperarlo allí donde se ha dañado, quitémonos de la cabeza el mito de la ruptura radical, de la revolución, del voltear la historia y empezar de nuevo y de cero. Eso nunca ocurre. Hay muchos valores en nuestra venezolanidad y en nuestra Venezuela material que bien vale seguir cultivando, desarrollando.

8. Para ir cerrando, pensemos que quienes trabajan productivamente en la industria petrolera no llegan al 1% de la población económicamente activa. De allí han salido históricamente el 95% de los ingresos nacionales. Hemos tenido mucha plata pero no somos productivos, en este aspecto no se sembró el petróleo. No era fácil, ya lo dijimos, éramos un país muy pobre cuando entró en escena el petróleo. No es lo mismo recibir esas cuantiosas ganancias cuando ya estás industrializado (Noruega) que cuando eres miserable y palúdico. Que se robó mucho por políticos inescrupulosos, seguramente. Pero también, repito, se hizo mucho, mucho y muy bien. Pensemos también que incluso por leyes procedentes de la colonia el petróleo, las minas y todo lo que esté en el subsuelo pertenece al Estado. Pero eso que llamamos Estado, nuestro Estado, es muy fuerte y débil al mismo tiempo. Fuerte por todo su poder económico, político y militar. Débil porque no tiene como soporte una sociedad orgánica, organizada, institucionalizada, con confianza social y sin resentimientos. Somos frágiles en eso que se ha llamado capital social. Nuestra sociedad no ha tenido tiempo histórico suficiente de organizarse y ese Estado superpoderoso muchas veces ha sido un freno para ello. Ha sido siempre, hay que decirlo, un Estado capturado por pequeños grupos organizados: los militares medio siglo pasado (la camarilla, se decía en la época de Pérez Jiménez), los partidos y sus cúpulas otro medio siglo (la cogollocracia), y después un siglo XXI que repitió la historia (los enchufados). Como tal, estos grupos han usufructuado el Estado de acuerdo con sus intereses.

He tratado de relatar algunos puntos para que surjan más preguntas y correcciones a errores que haya podido cometer. Algunas consideraciones incompletas, otras faltantes. Tenemos que armar nuestro complejo rompecabezas, cada quien tenemos que armarlo, sin embargo, se precisa lo más urgente, que hagamos pública nuestra discusión. Un país grande, sin población, con muchas riquezas naturales, geoestratégicamente clave, sin tiempo para haberse asentado históricamente, siempre en medio del conflicto de intereses entre potencias. Claves todas ellas de ese puzzle. Leamos, estudiemos. Disponemos de brillantes historiadores, científicos sociales y humanistas. Algunos han sido mencionados aquí, otros brillantes como Mariano Picón Salas, Uslar Pietri, Mario Briceño-Iragorry, y estos son apenas unos pocos nombres, deben revisitarse... Más recientemente, tenemos, "El Estado Mágico" de Coronil Imber o "La renta y el reclamo” de Urbaneja. Y tantos, tantos otros. Otro problema del país es que no nos leemos, a pesar de haber dispuesto de escritores brillantes en abundancia. Deberíamos enseñar a nuestros jóvenes a buscar, a indagar. Combatamos el adoctrinamiento en nuestros programas escolares. Ojalá podamos transformar nuestra educación, generar curiosidades, problematizaciones, amor. Parece que no nos faltan tareas, lo que es una buena oportunidad.

Publicado originalmente en el portal Aporrea: Artículo 

viernes, 13 de febrero de 2026

Presidenta, de nuevo: encontrémonos con la educación

 

A veces me da la impresión de que el Ministro de Educación juega al escondite. Pareciera que en esta crítica materia no es la única autoridad que parece hacerlo. Tampoco es un tema de mayor interés para las oposiciones, sólo para unos pocos. ¡Quiera la divinidad que esta omisión sólo sea un parecer mío, un error mío! Ahora, como ayer, todo se concentra en torno a barriles de petróleo y cosas por el estilo. Y si ciertamente hay una urgencia económica que ha sido cultivada con esmero desde hace ya bastantes años por los experimentos de unos cuantos Dr. Frankenstein de la economía del ya olvidado "socialismo del siglo XXI", no deja de haber otras urgencias en el país, urgencias que si no se atienden se llevan por delante a generaciones enteras de seres humanos, que le niegan su apertura a la vida, que los condenan a la miseria espiritual y a la miseria económica por más millones de barriles de petróleo que se saquen de nuestra depredada naturaleza para embotellar y entregar al tío Sam. La educación, sin duda, es la urgencia mayor del futuro de Venezuela en nuestro tiempo. Hay que ocuparse del presente pues los venezolanos estamos comiéndonos un cable, nos han convertido y nos hemos convertido en un ratón de ferretería. Para ya hay que buscar salida a la cuestión de los ingresos de lo que queda de nuestras familias, de nuestros hombres y mujeres. Para ya hay que atender la salud de los venezolanos. Pero estas urgencias del ya, insoslayables, no niegan que se atienda simultáneamente una urgencia que como la educativa siendo también del presente marcará nuestro futuro de modo determinante.

Me preocupa, nos preocupa a muchos que poca voz decisoria tenemos, que el tema de la educación esté tan ausente del discurso oficial en estos tiempos tan cruciales para nuestro por-hacer, así como del discurso de quienes quieren presentarse como alternativa política. Basta googlear el tema y buscar las noticias más recientes, lo que se ha dicho y publicado en las últimas semanas sobre la crisis educativa y la discusión de sus salidas. ¿O no está en crisis la educación? ¿O está todo fenomenal? ¿Por qué esta ausencia? ¿Dónde está el Ministro con propuestas para el tema? Si realmente a los actores políticos y sociales influyentes les preocupa el futuro del país, y no el mero reparto del botín del poder logrado, deberían estar actuando en concordancia con ese futuro que hoy está en nuestras escuelas siendo educados para una sociedad que ya no existe, que existió si acaso en el siglo pasado. Más grave aún, con el futuro que hoy no asiste a las escuelas, bien porque la situación económica excluye a nuestros niños, jóvenes y adultos, bien porque se ha destruido no sin empeño el valor trabajo y el valor formación para nuestra vida nacional.

Presidenta, gire instrucciones a su Ministro de Educación para que en el ánimo actual de concordia que manifiesta su discurso y el de otros poderes del Estado, convoque a los actores concernidos con el tema educativo a un Encuentro Nacional con el propósito de poner en marcha lo antes posible una transformación del concepto y la práctica educativas en nuestro país. Dejo seguidamente algunas ideas para que su despacho las considere:

-Que se trate de una convocatoria nacional, que en el espíritu de nuestra Constitución sea efectivamente participativa y protagónica, lo que implica invitar a todos los sectores que por distintas razones están interesados y afectados por la crisis educativa y su resolución, darles voz y escuchar atentamente esa voz con una orientación deliberativa y democrática. Los educadores deben tener una silla central en este Encuentro, sin ellos, sin su convencimiento, no hay posibilidad de cambio alguno.

-Que se diseñe dicho Encuentro Nacional para que dé resultados en la práctica en el menor tiempo que sea posible. Lo primero a establecer sería una agenda con un tiempo definido de funcionamiento. Para la organización del Encuentro no se precisa que todos nos reunamos en la Plaza Bolívar, eso sería una Asamblea inútil. Puede trabajarse por mesas sectoriales (económicas, culturales, regionales, sociales de diversa índole, pero cada una con participación de educadores) que al cabo de un tiempo realicen plenarias puntuales para llegar a conclusiones integrales y de ahí a una Plenaria Nacional definitiva.

-Diagnósticos hay muchos, no habrá que empezar a hacerlos de nuevo, habrá que revisarlos, buscar sus puntos de encuentro y actualizarlos en lo que se requiera. Pasada esta primera fase, cada mesa sectorial podría dedicarse entonces a elaborar sus propuestas de cara al diseño de las políticas educativas, su implementación y los criterios para su evaluación en la práctica.

-El Ministerio, los gremios docentes, las Escuelas de Educación y las Universidades Pedagógicas del país, además de sustentar el debido protagonismo en esta tarea nacional, pueden dotar de espacios y plataforma a este Encuentro. De seguro, entre todos se hará poco onerosa la organización de un evento destinado a volverse un hito de cara al futuro.

Estoy convencido de que en un tiempo prudencial lograremos demasiado. El próximo año escolar todavía tarda meses en comenzar. Estoy convencido de que todos estos actores mencionados pueden entenderse en unos mínimos que establezcan unas nuevas reglas de juego y un nuevo programa educativo. Estoy convencido de que si bien hay quienes confunden formación con adoctrinamiento, al final del día la mayoría comprende que educación no es propaganda y que formar es más cuestión de dotar a la persona de criterios propios para la vida y la integración provechosa en la comunidad que de contenidos definidos. Estoy convencido de que dichos actores carecerán de miopía histórica en esta materia, de que no confundirán políticas educativas con construcción de edificaciones escolares, que también hacen falta y pronto, pero que solo serán un buen techo para engendrar y cobijar un nuevo espíritu social. Si alguna vez se puso de moda la frase "Es la economía, estúpido", creo que nuestro tiempo, sin despreciar la importancia de lo económico, base material indiscutible para nutrir nuestros espíritus, haría bien en hacer de la frase "Es la educación, estúpido" el lema vivo que encamine nuestro programa de acción. Después de todo, nuestro tiempo hace indesligable educación y economía. Presidenta, su voz tiene la suficiente fuerza inicial para emprender este camino, convénzase de ello. Para mañana es tarde.

Publicado originalmente en el portal Aporrea: Artículo 

viernes, 6 de febrero de 2026

Presidenta, la educación

 

Hoy seré breve. Justificar que hay que atender con carácter de urgencia el tema educativo en Venezuela parece aberrante por más que evidente. Llevamos años en esto, pasan las generaciones y la cosa empeora. Con las nuevas tecnologías, por ejemplo la inteligencia artificial, la educación se hace más mediocre que nunca. Como diría Mafalda, preocupémonos por el retroceso de la inteligencia natural. Presidenta, si en materia social cumple con lo hasta ahora ofrecido en materia de salud y en las mejoras salariales de nuestra población, vamos bien. Habrá que añadir la cuestión de la democratización real de nuestras instituciones públicas, lo que exige políticas para la mayor transparencia y el libre ejercicio de las libertades responsables. Podríamos decir con un conocido y respetado personaje de nuestra política que "estamos mal pero vamos bien". Sin embargo, en educación "estamos mal y vamos mal". Y este ir mal descansa en gran parte en la omisión del tema, o en simplemente volverlo un lugar tan común que ya damos por natural nuestro desastre. Presidenta, si desea que su tránsito por el gobierno deje huella positiva, no se olvide de la educación. ¡Póngala en primera plana!

Recuerde que la educación es una cuestión extensa y profunda. Hay educación formal e informal. La primera es la escolar en todos sus niveles. La segunda acontece espontáneamente en el día a día. Recuerde que en esta última, la educación informal, los funcionarios y los personajes públicos más visibles, desde la Presidenta, los ministros, los políticos de oposición hasta el grandeliga, el rapero o la actriz X, resultan formadores o deformadores de nuestro ser ciudadano y venezolano. Venimos de una época en la que se nos enseñó como ejemplo el insulto, la burla y el acoso, no pocas veces en medios oficiales. Todavía persisten esos deformadores. Mas, en el caso suyo Presidenta se nota otro tratamiento del discurso y otra actitud. Su llamado a la concordia lo ha evidenciado con gestos valiosos, como pararse a dialogar con grupos estudiantiles que la increpaban demandando causas justas. No se ha visto en usted durante estas primeras de cambio la soberbia enfermiza del poder. Otros funcionarios siguen su paso, pero hay unos cuantos que no. Seguramente no será fácil desplazarlos, pero se requerirá que cambien sus actitudes o que dejen el paso libre a la construcción de un país que se reconozca en sus diversidades. Esperemos que el nuevo ministro encargado de las comunicaciones deconstruya el discurso de la violencia e instituya el de la concordia. Talento no le falta. Y es que la educación informal puede echar por tierra lo que hace la educación formal, la escolar. Lo que se enseña en el aula se desaprende en una cotidianidad cargada por la violencia simbólica, y no sólo simbólica. Ciertamente mucha de esta violencia está en canciones, videojuegos, redes sociales, dentro de la familia, la pareja y los grupos de pares. La tarea de un buen gobierno es no reproducirla con su discurso y sus actuaciones y buscar los correctivos al ejercicio de esta violencia en las prácticas sociales. Presidenta, urge reformas educativas de calado en la educación formal. Concentrarse en la formación de personas críticas por su capacidad de leer con comprensión, de expresarse adecuadamente oralmente y por escrito, de dar razones de sus opiniones (argumentar), de escuchar razones discrepantes, de valorar el trabajo cooperativo en la búsqueda de los problemas que nos aquejan, desde los más inmediatos como el mantenimiento del aseo del sanitario escolar hasta los más complejos como el acoso. La sociedad del pasado inmediato, del presente y del futuro se centra en el conocimiento y, particularmente, en la capacidad de crear conocimiento. Pero, recuerde, conocimiento no es información. Menos es más. Hay que podar mucho en nuestra educación escolar, en todos sus niveles. Hay que impulsar las competencias creativas y la curiosidad propia en nuestros educandos. Son muchos los cambios demandados, imposibles de tratar aquí, imposibles de considerar por una sola persona.

Presidenta, es hora de actuar. Constituya una Comisión Presidencial para que en un breve tiempo discuta los problemas y las soluciones de nuestra educación, problemas que no se solventan con una nueva Ley sino que deben ir a fondo en la cuestión curricular. Para mañana es tarde, ya son demasiados los mañanas que han pasado. Convoque con amplitud a los diferentes actores sociales concernidos con el tema educativo. Convoque más allá de los acostumbrados diputados o políticos de ocasión, quienes seguramente también deben participar. Convoque a nuestros investigadores en el tema educativo, convoque a las organizaciones no gubernamentales comprometidas con el tema. Convoque a nuestras universidades y, especialmente, convoque a los educadores, a los formadores de nuestro futuro. Sin la comprensión y anuencia de nuestros maestros y profesores será imposible cualquier reforma exitosa. Presidenta, es hora de actuar.

Publicado originalmente en el portal Aporrea: Artículo